Cap 49 : Se acabo la paz

15 0 0
                                        

El día comenzó silencioso en el castillo.

La ausencia de los guerreros lo hacía más amplio, como si cada piedra y rincón guardaran secretos en la quietud.

Ragnar estaba a cargo mientras el resto estaba lejos, y los pocos que quedaban cumplían sus tareas sin hacer demasiado ruido.

Decidí aprovechar la calma para practicar con el hacha.

Salí al claro detrás del castillo, donde unos troncos altos y robustos servían como mi campo de entrenamiento improvisado.

El aire fresco se sentía bien en mi piel, y el crujir de la madera bajo el filo del hacha me daba una sensación de fuerza.

Con cada golpe, sentía cómo mi mente se despejaba, cómo las dudas y pensamientos se volvían más ligeros.

Era una especie de libertad, una forma de encontrarme a mí misma en medio de las responsabilidades.

Al terminar una serie de golpes, dejé el hacha descansando contra un tronco y, al girar, lo vi.

Ivar estaba más allá, sentado en el pasto, completamente absorto en algo.

Parecía inclinado sobre un pedazo de madera o un pergamino, trazando líneas con una concentración que pocas veces le había visto.

Me acerqué despacio, tratando de no interrumpir su momento, y me quedé detrás de él, observando sin decir nada.

En el suelo había varias hojas dispersas, todas con dibujos en los que reconocí formas familiares.

Esperé unos segundos y, finalmente, rompí el silencio.

-¿Puedo preguntar qué has dibujado? -le dije, con una leve curiosidad en mi tono.

Ivar levantó la cabeza, y una sonrisa traviesa apareció en su rostro. -A tu sonrisa de anoche respondió, mirándome con un brillo especial en los ojos. Solo la de anoche -aclaró, haciendo que me cruzaran pensamientos de nuestra última celebración.

Señaló algunos de sus bocetos, pasando los dedos por los trazos-. A ti bailando con todos continuó, su voz se volvió más suave, como si reviviera ese momento en su mente-. A ti con el hacha -agregó, señalando un dibujo en particular donde capturó un gesto fuerte y determinado en mi rostro.

Mi sorpresa creció al verlo señalando una imagen final-. Y a tus pechos añadió sin rastro de vergüenza-. Solamente.

Me reí con incredulidad y algo de incomodidad. ¿Te masturbarás con eso? -pregunté, mitad en broma y mitad provocándolo.

-Espero que no sea necesario -respondió él, encogiéndose de hombros y con una sonrisa maliciosa.

Negué con la cabeza, sintiendo una mezcla de diversión y leve disgusto. -Eres un asco, Ivar.

Él se rió, esa risa suya despreocupada, y se levantó de su lugar en el pasto.

Sin aviso, se inclinó hacia mí y me dio un beso en la frente. Su contacto fue inesperado y cálido, y antes de alejarse, susurró: -Es increíble cómo cada sentimiento mío está controlado por la mirada de tu rostro.

Sentí cómo mi corazón latía rápido, tan fuerte que casi pensé que él podía oírlo.

Pero al mismo tiempo, una incomodidad comenzó a surgir en mí, como si no supiera cómo responder a tanta intensidad.

Ivar lo notó, su expresión cambió ligeramente, y me miró con una mezcla de curiosidad y preocupación.

-¿Qué pasa? -preguntó, con una sinceridad que hacía que quisiera alejarme y quedarme al mismo tiempo.

El Mismo Temperamento Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora