El aire frío de la mañana me golpeó el rostro mientras cruzaba el patio principal del castillo.
El bullicio de los soldados y nobles preparándose para la cacería llenaba el espacio, mezclándose con el resoplido de los caballos y el sonido metálico de las armas siendo ajustadas.
Me habían invitado, aunque no por cortesía, sino porque Ragnar lo había ordenado.
—¿Lista para unirte al espectáculo? —dijo un soldado con tono burlón mientras pasaba junto a mí.
Lo ignoré, ajustando la lanza que llevaba a la espalda.
También llevaba el arco y las flechas que Ivar me había regalado, y mi cuchillo descansaba firme en mi cintura.
No era la primera vez que cazaba, pero esto no era una simple expedición al bosque.
Era una prueba, otra forma de medir mi valor frente a los ojos críticos de los nobles y los soldados.
Ragnar estaba en el centro del grupo, con su porte imponente y una sonrisa tranquila que parecía calmar incluso a los más nerviosos.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, asintió ligeramente.
No necesitaba decir nada; su expresión dejaba claro que esperaba que aprovechara esta oportunidad.
—¿Por qué está aquí? —la voz de Hakon, uno de los nobles más arrogantes, resonó lo suficientemente alto como para que todos escucharan. Sus palabras iban dirigidas a Ragnar, pero sus ojos estaban fijos en mí.
—Porque yo lo decidí —respondió Ragnar con calma. Su tono era firme, y aunque no alzó la voz, Hakon se encogió ligeramente, retrocediendo con una mueca de disgusto.
No dije nada. Aprendí hace tiempo que a veces el silencio era la mejor arma.
En el bosque
El bosque era un laberinto de sombras y susurros.
Los árboles se alzaban altos y oscuros, sus ramas desnudas formando patrones intrincados contra el cielo gris.
El suelo estaba cubierto de nieve, pero aquí y allá se veían huellas de animales y marcas en la tierra que contaban historias de lo que había pasado por allí.
Nos dividieron en equipos.
Mi grupo estaba formado por tres soldados y dos nobles: Hakon y otro llamado Eirik.
Ambos dejaron claro desde el principio que no confiaban en mí ni en mis habilidades.
—Mantente detrás de nosotros y no interfieras —dijo Hakon mientras ajustaba la correa de su arco.
—Claro —respondí con una sonrisa inocente, aunque mis manos se cerraron en puños detrás de mi espalda.
No pasó mucho tiempo antes de que encontráramos rastros.
Huellas frescas en la nieve, marcas en los arbustos, y un leve olor que flotaba en el aire indicaban que un ciervo estaba cerca.
—Por aquí —dije, señalando el rastro.
—¿Y por qué deberíamos confiar en ti? —preguntó Eirik, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Porque sé lo que estoy haciendo —respondí, manteniendo la calma.
Los soldados, al menos, parecían dispuestos a seguirme.
Se inclinaron para inspeccionar las marcas y asintieron.
—Es un rastro fresco. Si nos movemos rápido, podríamos alcanzarlo antes de que cruce el río —dijo uno de ellos.
Hakon bufó, pero no tuvo otra opción que seguirnos.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
