El calor era sofocante, y cada rincón del castillo parecía atrapado en una nube de calor implacable.
La idea de refrescarme en la cascada me llamaba irresistiblemente, así que caminé hacia el bosque, buscando ese rincón donde el agua caía en torrente, formando una pequeña laguna.
El sonido del agua me rodeaba cuando llegué, creando una barrera natural que parecía aislarme del mundo.
Justo cuando pensaba disfrutar de la tranquilidad, escuché unos pasos detrás de mí.
No tenía que girarme para saber quién era.
-Te dije que ya no estuvieras sola -la voz de Ivar rompió el silencio con esa seriedad característica, haciéndome girar los ojos con una mezcla de fastidio y diversión.
Me giré hacia él, cruzándome de brazos mientras lo miraba, retándolo sin palabras.
-¿Vas a estar todos los días a mi lado? -dije, con el tono un tanto desafiante.
Él apenas ladeó la cabeza, sin dejar de mirarme, y respondió con total determinación:
-Sí.
Bufé, intentando sostener la expresión indiferente en mi rostro.
Sabía defenderme.
Él lo sabía también, pero no parecía dispuesto a reconocerlo.
-Sé defenderme, Ivar -respondí con firmeza, pero antes de que pudiera seguir, él se lanzó sobre mí.
Sus manos atraparon mis muñecas con una rapidez impresionante, y, en un instante, estaba en el suelo, mi espalda contra la tierra cálida, y su peso encima de mí.
Sentí cómo su cuerpo, firme y cálido, me inmovilizaba, y su rostro quedó a tan solo unos centímetros del mío.
-Nunca te distraigas -susurró, su voz acariciando el aire entre nosotros.
Sus ojos chispeaban con una mezcla de desafío y algo más oscuro, y aunque una parte de mí quería perderme en esa mirada, mi instinto reaccionó.
Moviéndome con rapidez, usé su propio peso en su contra, girando mi cuerpo para quedar encima de él, con sus muñecas atrapadas bajo mis manos.
Antes de que pudiera recuperarse de la sorpresa, deslicé mi daga de su funda y la coloqué suavemente en su cuello.
Ahora era yo quien sonreía, satisfecha por haber revertido la situación.
Lo miré desde arriba, disfrutando de la sorpresa en sus ojos, y noté cómo su expresión se transformaba lentamente, de sorpresa a algo más intenso, algo que encendió un calor inesperado en mi interior.
Sentía el latido rápido de su pulso, su respiración más profunda.
Aquella cercanía despertó algo en ambos, y la chispa de deseo entre nosotros se encendió como fuego en medio de la hierba seca.
Con la respiración acelerada, solté su muñeca y me aparté de inmediato, mis mejillas ardiendo.
Me sentía vulnerable, aunque aún llevaba puesta mi túnica de lino.
Decidida a ignorar aquel momento, apliqué mi determinación de una manera distinta: sin siquiera mirarlo, empecé a desatarme los nudos de la túnica con cuidado.
El lino cayó suavemente, y luego desaté el cinturón de cuero que sujetaba las pieles de cordero, que también deslicé por mis hombros, sintiendo el peso y el calor de su mirada detrás de mí.
Finalmente, me deshice de todo el vestuario, y, sin pensarlo dos veces, me adentré en el agua, dejando que la frescura me envolviera.
Aunque el frío me relajaba, el recuerdo de su contacto permanecía como un eco en mi piel, esa sensación de tenerlo tan cerca, el peso de su mirada ardiendo aún en mi espalda.
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El Mismo Temperamento
FantasiXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
