La nieve caía con fuerza, cubriendo todo el paisaje con un manto blanco que brillaba bajo la tenue luz de la luna.
El aire frío se colaba entre los árboles, pero yo no lo sentía tanto.
Mi mente estaba ocupada con el plan que había estado preparando con tanto esmero.
No quería que Ivar supiera nada, y aunque me temblaban las manos por la emoción, traté de mantenerme firme.
Había esperado este momento con ansias, un momento solo para nosotros, algo que reflejara lo que sentía sin palabras.
El bosque a mi alrededor parecía dormido, cubierto por la nevada que lo mantenía en silencio.
Pero algo más estaba sucediendo en mi pequeño rincón secreto, cerca del río que serpenteaba entre los árboles.
Había hecho todo lo posible para crear un espacio único para Ivar, uno que hablara de mí, de mis pensamientos y sentimientos.
Cuando le pedí que viniera a esta hora, le aseguré que sería algo importante, pero no le revelé nada más.
Sabía que llegaría tarde, siempre era así en las noches frías, con la nieve y las responsabilidades que lo rodeaban.
Las luciérnagas que había atraído con hierbas secas comenzaron a parpadear suavemente alrededor del claro, su luz dorada creando una atmósfera mágica.
Había recorrido kilómetros antes, buscando las mejores hierbas que las atrajeran.
En cuanto las vi acercarse, sentí una mezcla de orgullo y nerviosismo.
Las luces danzantes se posaron sobre las ramas de los árboles, como estrellas diminutas en una noche oscura, llenando el aire de una calidez irreal.
El contraste con la nieve blanca y fría me hizo pensar en lo delicada que era la vida en este mundo, en lo frágil que puede ser todo, incluso el amor.
En el centro de mi rincón, sobre una piedra plana, había colocado varias tablillas de madera, cuidadosamente talladas con runes que él aún no conocía del todo.
Algunas de las runas que elegí eran símbolos de protección, otras hablaban de amor y destino, y algunas representaban secretos que solo él podría entender si se tomaba el tiempo para decifrarlas.
En total, formaban una especie de poema visual, algo que no podría explicarse con palabras, sino con el significado de cada símbolo.
Luego, alrededor de las tablillas, había extendido mis pinturas sobre pieles, algunas simples y otras más complejas, pero todas con un significado para mí.
Las figuras representaban momentos de nuestras conversaciones, de las pequeñas sonrisas que compartíamos, los gestos que significaban más que cualquier palabra.
Lo más importante estaba en una de las pinturas: una figura de dos personas, una de ellas con el cabello oscuro como la noche, y la otra representada con una silueta femenina en la que me reconocí a mí misma.
Ambos estaban rodeados por un círculo de estrellas, con runas inscritas en el borde.
Me aseguré de que todo estuviera perfecto antes de que Ivar llegara.
Lo había invitado a venir a este lugar, al bosque donde a menudo nos encontrábamos, porque sentía que el silencio y la naturaleza nos permitían ser más nosotros mismos.
En un rincón del claro, había dejado una antorcha encendida que proporcionaba una luz cálida, aunque tenue, lo suficientemente brillante para ver pero no tan fuerte como para perder la esencia mágica del momento.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
