Siempre ha sido tímido y reservado es por eso que sus hermanos y padres lo cuidaban de sobre manera sobretodo sus guardias por que toda su familia sabía que Jimin al ser el menor de ellos corría más peligro a ser la mira de todos sus enemigos o eso...
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Los nudillos de Jungkook estaban rotos y chorreando sangre, el resultado de su frustración y dolor acumulados. Después de enviar varios mensajes al celular de Jimin, entre lágrimas y desesperación, decidió salir de su habitación y dirigirse a la zona de entrenamiento. Allí, se sumergió en un mar de golpes al saco de boxeo, su mente enfocada en liberar toda la angustia que lo consumía.
Llevaba unos 30 minutos golpeando con todas sus fuerzas, ignorando el ardor en sus manos y las manchas de sangre que comenzaban a empapar su ropa. Cada golpe era un grito de dolor, una liberación de todo lo que sentía dentro de él. Pero, en medio de esa concentración, su mente se desvió hacia un pensamiento perturbador.
De repente, la imagen de un bebé apareció ante sus ojos, el mismo que había estado viendo en sus sueños. Esta vez, el pequeño estaba siendo sostenido por Jimin, quien lucía herido y con varios moretones, como si estuvieran tratando de escapar de algo. La escena era confusa, casi surrealista, y Jungkook no entendía qué significaba.
Pero esa imagen se desvaneció bruscamente cuando un sonido lastimero salió de su boca. Miró sus manos y vio que estaban cubiertas de sangre, no solo de sus nudillos, sino de algo más profundo. La visión lo golpeó como una ola, y tuvo que detenerse. Se sentó en el suelo, lleno de sudor y agotamiento.
Cerca de él había un vaso. Sin pensarlo dos veces, lo tomó y se sirvió un poco de ron, llevándolo a sus labios y tragándolo rápidamente. La bebida ardió en su garganta, pero no le importó. Necesitaba sentir algo, cualquier cosa que lo distrajera del horror que estaba viviendo.
Mientras el calor del alcohol se extendía por su cuerpo, su mente regresó a Jimin. Se preguntaba si estaría bien, si le estarían haciendo daño, si estaba sufriendo. La angustia lo consumía, y cada vez que pensaba en su amado, sentía que un vacío se abría más y más en su interior.
- ¿Dónde estás, Jimin? - murmuró para sí mismo, su voz quebrada. - No puedo... no puedo perderte .
La desesperación se apoderó de él, y Jungkook sintió que las lágrimas comenzaban a caer nuevamente. Se frotó la cara con las manos, tratando de espantar la tristeza y el miedo, pero era inútil. Jimin era su vida, su razón de ser, y no podía soportar la idea de que le estuvieran haciendo daño.
Sin embargo, había algo más que lo mantenía en pie: la promesa de que haría lo que fuera necesario para encontrarlo. Se levantó del suelo, apretando los dientes y limpiándose las lágrimas. No podía rendirse. No podía dejar que la desesperanza lo consumiera.
Con las manos aún temblorosas, miró el saco de boxeo y, a pesar del dolor, se preparó para golpearlo de nuevo. Esta vez, cada golpe sería un recordatorio de que Jimin necesitaba que luchara por él, que no se detuviera hasta traerlo de vuelta. Jungkook sabía que, a pesar de todo, no estaba solo en esta lucha. Su amor por Jimin lo impulsaría a seguir adelante, sin importar lo que tuviera que enfrentar.