Pasado y presente.

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Después de las fiestas, los días hasta el 11 de enero pasaron volando. Con Nico en casa, Flor se sentía muchísimo más relajada. Habían ido al médico con la bebé para colocarle sus vacunas y tenían todo listo para los días en la costa.

Habían alquilado una gran casa, la misma de los años anteriores. Sabían que sería un año distinto: acostumbrados a ir a Pinamar a salir de joda y acostarse tarde, ese año tenían la compañía de Olivia que modificaba los planes para todos.

Llegaron un día antes que el resto de sus compañeros. Habían salido muy temprano para aprovechar las horas en las que Olivia más dormía. Al final, una hora después de salir, tuvieron que parar para alimentarla y cambiarla. Sabían que un viaje de 3 horas no sería tarea sencilla, por lo que decidieron tomárselo con calma, sabiendo que nada los apuraba a llegar. Otras dos veces tuvieron que frenar por su llanto desconsolado, que solo se le pasó estando a upa.

Al final, cerca de las 14:00, llegaron a la casa. Se sentía inmensa sin el ruido de la gente.

Casi una hora le llevó a Nico descargar todo lo que habían llevado: la cuna colecho, juguetes, su sillita mecedora, la alfombra para jugar en el piso, el gimnasio con peluches más las valijas llenas de ropa de los tres. Parecía una mudanza.

Se acomodaron en el dormitorio de la planta baja, al lado de la cocina. Ese que, un año antes, había ocupado Flor y donde se dieron los primeros acercamientos entre ellos.

Nico: ahí, en esa misma cocina, te robé un beso por primera vez. Y míranos ahora.

Flor: padres. Dios mío, en qué momento?

Nico: no puedo creer todo lo que pasó en un año. Parecen mil vidas.

Flor: yo sigo muerta de amor con vos como hace un año. Quizá hasta más.

Nico: y yo con vos ni te cuento -se acercó a ella y la besó con pasión-

Sus amados encuentros carnales habían quedado en último lugar. Primero, porque tenían que hacer cuarentena luego del nacimiento de Olivia. Y segundo, porque las pocas horas de sueño los hacían llegar la noche agotados.

Pero, ese día, como si todo se hubiese acomodado a su favor, Olivia descansaba en el huevito tranquila y no había nadie alrededor para molestarlos. Nisiquiera Carlitos, que estaba persiguiendo palomas en el patio.

Corrieron al dormitorio después de ubicar a la bebé cerca de ellos y se amaron con intensidad, con deseo infinito. Se habían extrañado, se necesitaban. Terminaron transpirados y agitados.

Nico: vamos a la pileta? Nos refrescamos ahí un poquito.

Flor: a ver cuánto más nos deja la gordita. Vamos rápido.

Trasladaron todo al patio, donde el sol y la brisa se colaba entre los pinos, perfumando todo. Taparon el huevito en el que dormía Olivia con una manta para que nada la perturbe y la ubicaron sobre una lona en el pasto. Carlitos, fiel guardián, se acostó a su lado. En tanto, Flor y Nico disfrutaron del agua fresca y el aire libre. Al menos, por los pocos 10 minutos que les permitió la bebé.

Flor: te despertaste con hambre, bebita? -la acomodó sobre ella para alimentarla, sentada en la lona-

Nico: queres que prepare el mate y nos quedamos acá afuera? Está hermoso.

Flor: mejor plan del mundo.

Nico entró a la cocina a preparar todo. Desde la ventana, las observaba. Flor hablaba con su bebé y le acariciaba la cabeza mientras la alimentaba y, para él, era como ver la mejor película del mundo. No salía de su asombro. Se volteó a mirar la cocina, ese lugar que, solo unos meses antes, había sido el escenario perfecto para sus primeros gestos, roces, momentos. Le parecía loco recordar todo eso, lo sentía lejano, como si el vínculo con Flor llevara más de un año. Como si llevara toda la vida. Y ahí estaba, un año más tarde, dándole la teta a la bebé que habían hecho juntos, acompañándose en el trabajo, conviviendo y con un perro. Si al Nico del pasado le hubiesen dicho que le esperaba todo eso, no se lo creía.

Salió a su encuentro con el mate en la mano. Pasaron un buen rato ahí, jugando con la bebé sobre la lona y con Carlitos. Cerca de las 18:00, decidieron salir a caminar por el barrio. Pusieron a Olivia en el coche y le pusieron la correa a Carlos y marcharon los 4.

A Flor siempre le habían sorprendido las casas de Pinamar. Algunas tan playeras y otras tan lujosas.

Flor: algún día me encantaría tener una casa acá. Me parece un lugar hermoso.

Nico: tranqui tus planes, mi amor -dijo, irónico-

Flor: soñar no cuesta nada.

La caminata se les hizo corta. A los 25 minutos, el llanto de Olivia era incontenible. No había nada que la calme, nisiquiera comer. Decidieron volver a la casa a darle un baño fresco, confiados en que quizá lo que la molestaba era el calor.

Cuando la estaban metiendo en el agua tibia, a Flor le pareció que su cuerpito estaba caliente

Flor: me parece que tiene fiebre!

Nico: fiebre?

Flor: tráeme el termómetro, por favor.

Lloraba a los gritos y su cara estaba toda roja.

Flor: fiebre no tiene, el termómetro marca 36 grados

Nico: queres que lo llame a Ignacio?

Flor: por favor. Ya hace un rato largo que llora.

Se comunicó con el médico por teléfono. Flor lo miraba, ansiosa, mientras Nico respondía "si", "no", "hace un rato largo que llora", "okay", "vamos a hacer eso"

Flor: y?

Nico: parece que son cólicos.

Flor: los temidos cólicos. La puta madre. Que te dijo Nacho?

Nico: que le hagamos masajitos con crema para bebés y que sí podemos consigamos una almohada de semillas para ponerle en la pancita. Qué es normal, no tenemos que asustarnos.

Flor: menos mal, me quedo más tranquila

Hicieron todo lo que Ignacio les había recomendado y algunas otras cosas que buscaron en internet. Después de la cena, parecía haber mejorado bastante.

Se acostaron temprano y dejaron las ventanas abiertas, la brisa que corría era un alivio para los días de calor abrumador.

La noche fue larguísima. Olivia se despertó llorando, al menos, 5 veces.

Flor: si todas las noches van a ser así empiezo a llorar ya

Nico: no lloremos -tomó sus manos y las acarició- Nosotros podemos.

Flor: bueno, pruebo darle un poco más de teta.

Descubrieron que en el pecho de Flor encontraba bastante calma. Así que, yendo en contra de lo que habían decidido antes de que nazca (de acostumbrarla a dormir en su cuna desde el nacimiento) esa noche la ubicaron en el medio de los dos, donde comió y dormió mucho más tranquila. Lo que no sabían era que, a partir de esa noche y de esa decisión, en adelante Olivia no dormiría más en su cuna.

Siempre fuiste vos.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora