Cap 3

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Tatiana Mejía

Los días se sentían más emocionantes a medida que avanzábamos con el proyecto. Richard y yo nos encontrábamos después de clases, y aunque al principio tenía mis dudas sobre cómo sería trabajar con él, la verdad es que me empezaba a gustar la idea. Había algo en su actitud despreocupada que me hacía reír, y poco a poco comenzábamos a conocernos más allá de los clichés del bad boy y la good girl.

El tercer día, mientras nos reuníamos en la biblioteca, noté que había más chispa en el aire. Richard estaba más involucrado en las ideas que proponía, a veces incluso aportando comentarios inesperados. Me hacía sentir como si realmente estuviera formando parte de algo emocionante.

—Mira, ¿y si hacemos un video en lugar de una presentación? —sugirió un día, mientras estábamos rodeados de libros y apuntes. —Podríamos grabar a la gente hablando sobre sus historias en Medellín. Eso sería más atractivo.

—Eso suena genial, pero necesitaríamos un plan. ¿Sabes cómo grabar? —le pregunté, sintiendo que la idea realmente podría funcionar.

Él se encogió de hombros, su sonrisa era contagiosa. —Sé un par de cosas. Además, tengo un par de amigos que podrían ayudarnos con la edición. Solo necesitamos un buen guion. —Se le iluminó la cara, y su entusiasmo me contagió.

Acordamos que el fin de semana iríamos a grabar a distintos lugares de Medellín. Richard conocía algunos sitios emblemáticos que podrían ser perfectos para nuestro proyecto. Esa tarde, cuando salimos de la biblioteca, no podía dejar de pensar en lo que iba a pasar. Era emocionante tener un propósito y, al mismo tiempo, estar al lado de Richard. Sin embargo, sabía que había una línea muy delgada entre la amistad y algo más.

—¿Vas a estar lista para este fin de semana? —me preguntó cuando llegamos a la salida del colegio.

—Claro, ¿y tú? —le respondí, tratando de no mostrarme nerviosa.

Él se echó a reír. —Yo siempre estoy listo. Solo necesito que me recuerdes a qué hora nos encontramos.

—A las diez en la plaza de la ciudad. No quiero que llegues tarde como la última vez.

—No te preocupes. No tengo intención de que me esperes —me lanzó una mirada juguetona y me dejó con un ligero sonrojo en las mejillas.

La semana pasó volando. En cada clase, no podía evitar pensar en lo que haríamos. Aunque había momentos en los que Richard seguía siendo el chico malo, había otros en los que me mostraba su lado más divertido. Una tarde, incluso me hizo reír en clase, y eso hizo que todo el mundo lo mirara como si estuviera haciendo un espectáculo.

El viernes, mientras me preparaba para el fin de semana, decidí que quería lucir bien, no solo para el proyecto, sino también porque, de alguna manera, quería impresionarlo. Opté por un conjunto cómodo pero estiloso: un camiseta blanca simple, una chaqueta de mezclilla y mis jeans favoritos. Nada demasiado revelador, pero lo suficiente como para sentirme segura.

Cuando llegó el sábado, la ciudad brillaba con un sol radiante. Me sentía emocionada y nerviosa al mismo tiempo. A las diez en punto, llegué a la plaza y me encontré con Richard. Él estaba allí, con una gorra puesta hacia atrás y una sonrisa que iluminaba su rostro. A medida que me acercaba, no pude evitar notar cómo su mirada se detenía en mí.

—Mira quién llegó. —dijo, y su tono era juguetón. —Te ves diferente hoy.

Me sonrojé. —Gracias, solo quería estar cómoda para grabar.

—Eso espero. Vamos, tenemos que ser rápidos antes de que el sol esté en su punto más alto.

Pasamos el día grabando y explorando. Desde el Parque Arví hasta el Pueblito Paisa, cada lugar nos ofrecía una historia que contar. Richard se metía en el papel de entrevistador con una facilidad impresionante, y su carisma lograba que la gente se abriera. Me di cuenta de que tenía un talento especial para conectar con las personas.

Mientras grabábamos, compartíamos risas y momentos inesperados. Había algo en el ambiente que me hacía sentir que nuestra relación estaba tomando un giro diferente.

—Oye, Tatiana, mira esa vista. —dijo Richard, señalando hacia el horizonte mientras nos encontrábamos en el mirador del Pueblito Paisa.

La ciudad se extendía ante nosotros, y sentí que el tiempo se detenía por un momento. —Es impresionante —le respondí, admirando el paisaje.

Él se quedó callado por un instante, y luego, sin pensarlo mucho, se giró hacia mí. —¿Sabes? Nunca pensé que trabajar en un proyecto escolar podría ser tan divertido.

—Tampoco yo, especialmente no contigo —le respondí, intentando que mi tono fuera ligero.

Mientras continuábamos con la grabación, las conversaciones fluían con naturalidad. Había un momento en que, mientras caminábamos, nuestras manos se rozaron brevemente. Fue un pequeño gesto, pero provocó que el corazón me latiera más rápido.

Ya al final del día, cuando estábamos revisando las grabaciones, no podía evitar mirar a Richard mientras se reía de una de nuestras tomas fallidas. —Oye, esto es un desastre, pero creo que tenemos algo bueno aquí —dijo, mirando la pantalla con entusiasmo.

—Sí, yo también lo creo —respondí, sintiendo una conexión creciente entre nosotros.

Fue en ese momento que decidí dar un pequeño paso. —Richard, creo que hemos hecho un buen equipo. Tal vez podríamos ser más que solo compañeros de proyecto.

Él se volvió hacia mí, su expresión era seria, pero había una chispa en sus ojos que me hizo pensar que estaba pensando en lo mismo. —Yo también lo creo, Tatiana. Pero, ¿y si eso complica las cosas?

—A veces, las cosas complicadas son las que más valen la pena —le dije, intentando ser valiente.

La conversación quedó suspendida en el aire. Era un momento decisivo. Podíamos seguir como amigos o dar un salto hacia algo más. La incertidumbre estaba presente, pero también la emoción de lo desconocido.

Cuando nos despedimos, sentí que algo había cambiado entre nosotros. Habíamos roto la barrera del chico malo y la chica buena, y aunque no sabía hacia dónde nos llevaría esto, estaba lista para averiguarlo.

THE BAD BOY - Richard Rios Donde viven las historias. Descúbrelo ahora