Tatiana Mejía
Me desperté con una opresión en el pecho que no desaparecía, como si algo me estuviera presionando desde dentro. No había dormido bien; de hecho, ni siquiera sé si dormí del todo. Las palabras que le grité a Richard seguían dando vueltas en mi cabeza, pero no sentía arrepentimiento. A veces el orgullo es todo lo que uno tiene cuando alguien te rompe de esa forma.
Me levanté, tratando de sacudirme el malestar, pero lo primero que noté al mirarme en el espejo fueron los ojos hinchados y rojos. "No vas a llorar más por él", me dije a mí misma en voz baja. Esa determinación, sin embargo, no me quitaba el vacío que me había dejado la traición de Richard.
Pasé la mañana evitando el celular. Sabía que me había escrito, que intentó llamarme después de que lo eché de mi casa, pero no quería saber nada de él. Incluso las palabras de disculpa que pudiera decirme me parecían vacías, inútiles. Me dolía la rabia y me dolía el amor, pero más que nada me dolía saber que él había sido capaz de eso.
Bajé a la cocina y vi a mi mamá preparando el desayuno, sin decir mucho, solo un "buenos días" bajito. Me miró de reojo y noté cómo intentaba no preguntar, pero al final no pudo evitarlo.
—¿Pasó algo, Tati? Tenés una cara… —dijo, ladeando la cabeza mientras me servía un café.
Me limité a encogerme de hombros y a darle un sorbo a la taza.
—Nada importante, ma —respondí, tratando de sonar despreocupada, aunque el tono de mi voz lo traicionaba todo.
Ella no insistió, pero me miró con ese aire de preocupación. Era de esas cosas que no podía contarle, porque a veces las palabras no bastan para explicar lo rota que te deja alguien.
Me vestí con lo primero que encontré, un conjunto simple de jeans y una camiseta negra ajustada. Sentía que no tenía energía para nada, pero me obligué a salir. Quizá caminar un poco, respirar aire fresco, me ayudaría a despejar la mente. Salí de la casa con el propósito de encontrarme con algunas amigas, de intentar olvidar todo lo que pasó. O al menos fingir que lo había olvidado.
Mientras caminaba por el parque donde quedamos de vernos, me invadió la nostalgia. Era el mismo parque donde Richard y yo pasamos tantas tardes, charlando, riendo, haciendo planes para el futuro… planes que ahora parecían tan absurdos, tan vacíos. En un impulso, me detuve, queriendo retroceder y esconderme en casa, pero me obligué a seguir. Tenía que aprender a caminar sola otra vez, a vivir sin pensar en él.
—¡Tati! —me saludó Laura, una de mis mejores amigas, al verme. Llegó con otra amiga y noté cómo las dos me miraban con ojos llenos de preocupación.
—¡Hola! ¿Todo bien? —intenté sonar casual, aunque la sonrisa apenas se me formó en los labios.
—¿En serio todo bien? —Laura me observó de cerca, entrecerrando los ojos—. Sabemos que te pasó algo, llevás días diferente.
Suspiré, sintiendo que no tenía fuerzas para fingir más. Conté todo, o al menos una versión resumida. Lo que me había hecho Richard, la rabia y la decepción que sentía. Laura, como siempre, trató de hacerme reír, diciéndome que él era el que iba a perder más. Pero por más que lo intentara, no me ayudaba mucho. Sentía que una parte de mí estaba perdida.
—Mirá, Tati, es normal que te sientas así ahora, pero con el tiempo vas a ver que él se lo pierde. Vos sos una mujer increíble, y si él no supo valorarte, peor para él.
Sonreí a medias, agradecida por el intento de consuelo, aunque en el fondo sabía que esto no se iba a curar solo con palabras.
De regreso a casa, revisé el celular por primera vez en el día y vi los mensajes de Richard. Casi me daban ganas de leerlos, pero algo dentro de mí me lo impidió. “No más”, me repetí en mi cabeza. No quería abrir una puerta que solo me traería más sufrimiento. Bloqueé su contacto sin pensarlo más y tiré el celular en la cama.
Sabía que tenía que dar el siguiente paso por mí misma. Era el momento de pensar en mi propio futuro, en la universidad, en los planes que tenía antes de él. Irónicamente, él había sido el que me impulsó a seguir mis sueños, y ahora me daba cuenta de que no podía contar con él para acompañarme en ese camino.
Esa noche me acosté con una mezcla de tristeza y paz. No iba a ser fácil, pero estaba dispuesta a seguir adelante sin él.
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THE BAD BOY - Richard Rios
Fiksi PenggemarUn amor apasionado se enfrenta a la traición, donde cada decisión puede llevar a la reconciliación o a la ruptura.
