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La oscuridad las envolvía, el sonido de sus respiraciones y el chocar de las olas con la orilla interrumpía el silencio que las acompañaba. Victoria, temerosa de la respuesta de Amanda, paso su brazo por debajo del cuello de la Argentina y haciendo que esta la abrace, pegando la cabeza a su pecho.
Amanda disfrutaba de aquel pequeño momento de paz como quien vive en guerra, el latido del corazón de la castaña le parecía su sonido favorito en el mundo, hasta el momento, el roce suave de los dedos de Victoria contra su hombro le provocaban un cosquilleo tierno en todo el cuerpo. Levantó la cabeza para mirarla, se veía tan hermosa, tenía los ojos cerrados pero no estaba durmiendo; Poco a poco Victoria abrió los ojos y giro la cabeza para mirarla.
—¿Estas bien, mami? —pregunta, en voz baja para no interrumpir el ambiente calmado que las rodeaba—
Amanda asintió, sin decir una palabra, pero con un brillo en los ojos que decía todo lo necesario y más.
Victoria sintió como se le debilitaba toda la coraza de chica ruda que alguna vez había construido, esa simple mirada lograba desarmarla completa.
No lo pensó, pues si lo pensaba no lo haría.
Su mano poco a poco subió a la nuca de Amanda, y su cuerpo se movió por si solo, pegando sus finos labios a los grandes y carnosos labios de Amanda.
La Argentina no se negó, no quiso separarse; Deseaba que ese beso fuera eterno, fuera el remedio a todos sus males y el fin de todas sus guerras.
Victoria giro el cuerpo de Amanda, sentándola sobre ella; Sus manos comenzaron a recorrer el entrenado cuerpo de la morocha, acariciando sus muslos tonificados y su espalda definida, enredó los dedos en el largo cabello azabache de Amanda, profundizando aún más el beso.
Se aparto en busca de aire, con la respiración agitada.
—Lo... lo sie...—No pudo terminar la frase, pues los labios de Amanda impactaron otra vez contra los suyos—
—No me pidas perdón
Victoria asintió, aún embobada por tener semejante belleza encima suyo. Apretó las nalgas de Amanda y volvió a besarla, un poco más rudo, más necesitada, como si sus besos fueran de vida o muerte para ella.
Tiro a Amanda a la cama, quedando ella encima. Quiso sacarle la ropa, deseaba hacerla suya en ese mismo momento ¿Lo deseaba? No, lo que le sigue.
—Mami ¿Puedo? —cuestiona, con las manos en el borde del short de Amanda—
Ese acento que lograba que las prendas de Amanda desaparecieran, el tono suave con el que lo decía y esos ojos azules que parecen leerte los pensamientos, fueron la combinación perfecta para que Amanda olvidara por completo a Sofia y no pudiera decir que no.
—Si —susurro, segura de sus decisiones—
Victoria no hizo más preguntas, comenzó a quitarle el short a Amanda. Hizo que se diera la vuelta, quedando con las nalgas para arriba. Victoria sentía como su boca sé hacia agua y sus pantalones también, en su vida había visto un culo tan maravilloso como el que tenía delante en ese momento.
Lo beso, sentía que jamás acabaría de recorrer tanto terreno, dejó algunas mordidas, amaba escuchar los pequeños quejidos de dolor que soltaba Amanda. Antes de ponerse a trabajar, un impulso la obligo a hacerlo, hundió su cara en el culo de Amanda; Se sentía en el paraíso.
—Gracias a Dios por este culo —chilló, aun con la cara enterrada—
Amanda soltó una risita que luego se convirtió en una mueca de entre dolor y satisfacción...
La había nalgueado.
—Turn around —Amanda obedeció—
Los labios de Victoria recorrieron desde el cuello de Amanda hasta su monte de Venus, una y otra vez, de vez en cuando paseaban por sus muslos, pero nunca llegaban a su intimidad. Victoria disfrutaba de verla retorcerse esperando.
Amanda se medio sentó y tomo la cara de Victoria, acercándola a ella.
—O dejas de pelotudear o me visto, vos elegís —advierte, en su tono había desesperación y deseo—
Victoria sonrió, arrogante.
—Baby, aquí las cosas se hacen como yo digo —asegura, fanfarrona—
Poco a poco deslizo la tanga de Amanda por sus piernas, haciéndolas desaparecer por alguna parte de la habitación. Con sus manos, sostenía las rodillas de Amanda teniendo una visión perfecta de su vagina.
— Esta mujer es perfecta por donde la mire— pensó —Diablo mami, la tienes hecha agüita —sonríe, orgullosa de lo que podía lograr —Deja darle un try...
Su lengua recorría los costados de su vagina, sin llegar al centro, jugando con la paciencia de la morocha. En un movimiento inesperado su lengua se movía en círculos sobre su clítoris, mientras sus manos acariciaban sus muslos. De pronto, freno y subió hasta la boca de Amanda, besándola.
—Siéntate en mi cara. Ya —ordena, su tono no aceptaba un no—
Amanda obedeció, jamás le diría que no a algo así. Victoria tenía una habilidad especial con las manos y la lengua, Amanda sentía como todo su cuerpo temblaba, la respiración se le entrecortaba y los dedos de Victoria dentro suyo no paraban de hacerla tocar el cielo. Su corazón se aceleró, sentía aún más el trabajo excelente que Victoria hacía debajo suyo, hasta que fue incapaz de contenerlo. El cuello y parte de la cara de Victoria quedaron empatados en los fluidos de Amanda; ella tiro su torso hacia adelante, rendida, pero con el culo en primer plano a Victoria.
No desaprovecho la oportunidad y la nalgueo. Amanda aun temblaba, nunca había experimentado algo así y ahora, sentía que nunca quería parar.
Estúpida Victoria, ahora seria su obsesión.
Ambas se acomodaron minutos después, no importaban las sabanas mojadas ni nada; Solo deseaban estar cerca, disfrutando del calor del cuerpo de la otra. Amanda fue la primera en dormirse, el sol ya estaba en lo alto y su cuerpo pedía un descanso.
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