𝟐𝟕

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La puerta se cerró de golpe, sacudiendo la casa con el eco de la tormenta que Amanda traía consigo

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La puerta se cerró de golpe, sacudiendo la casa con el eco de la tormenta que Amanda traía consigo.

Victoria estaba ahí. De pie en medio del living, con los brazos cruzados, los ojos encendidos como dos llamas azules.

—¡¿Dónde puñeta estabas, Amanda?!

Amanda rodó los ojos, pasándose una mano por el cabello mojado por la humedad de la noche.

—Salí a manejar.

—¿A manejar? —Victoria dejó escapar una risa incrédula— ¿Por dos putas horas?

—Sí, Victoria. A manejar. ¿Algún problema?

Victoria apretó los puños.

—¡Claro que hay un problema! Te llamé un millón de veces, no contestaste, no avisaste nada, y encima... —hizo una pausa, sus fosas nasales se ensancharon— Encima, hueles a sexo.

Amanda sintió una corriente de electricidad recorrerle la piel.

—¿Qué mierda estás diciendo?

—No soy estúpida, Amanda. No hueles como cuando sales sola a dar vueltas en el auto. No hueles como cuando vuelves de entrenar. Hueles a perfume floral, a piel ajena, a alguien que estuvo sobre ti.

Amanda sintió el estómago retorcerse, pero su expresión no cambió.

—Estás delirando.

—¡¿Ah, sí?! —Victoria se acercó un paso, su pecho subía y bajaba con fuerza— Entonces dime, ¿por qué carajo no contestabas el teléfono?

Amanda desvió la mirada.

—No quería hablar.

Victoria soltó una carcajada seca.

—Qué conveniente. —Sus ojos la recorrieron de arriba abajo— Me vas a decir que no estabas con nadie, ¿right?

Amanda la miró directo a los ojos.

—No estaba con nadie.

Victoria apretó la mandíbula.

—Mentirosa de mierda...

Amanda sintió que algo se quebraba en su interior. No iba a dejar que la arrinconara.

—¿Sabés qué? Tanto te quejás de Sofía, pero estás siendo igual de loca que ella.

Victoria abrió los ojos como platos.

—¿Qué dijiste?

—Eso. Estás siendo igual de controladora, igual de paranoica, igual de insoportable.

Victoria parpadeó, el enojo convertido en furia pura.

—¡No me compares con esa mamabicha, Amanda!

—Entonces dejá de actuar como ella.

Victoria sintió la sangre hervirle en las venas.

Y Amanda sintió cómo la tensión entre ellas se volvía algo más peligroso. Algo inevitable.

Sin pensarlo más, la tomó del cuello y la estampó contra la pared.

Victoria soltó un jadeo ahogado, pero Amanda no le dio tiempo a reaccionar. La atrapó con un beso salvaje, uno lleno de rabia, de deseo, de todo lo que no podían decirse sin gritarse.

Victoria la empujó con fuerza, chocando ambas contra la pared del otro lado del pasillo.

—Eres una hija de puta.

—Y vos sos una rompe huevos.

—Me dan ganas de matarte ahora mismo.

Victoria soltó un gemido ronco y enredó los dedos en su cabello, tironeando con fuerza.

—Te odio tanto, cabrona...

Amanda deslizó una mano por su espalda, arqueándola contra su cuerpo.

—Me chupa un huevo.

—Hueles a otra...

Amanda la levantó en vilo, haciéndola rodear su cintura con las piernas.

—Entonces hacé que huela a vos.

Y Victoria lo hizo, la hizo tan suya como el ego de Amanda fue capaz de permitirle.

Horas después, Victoria dormía profundamente, con el cuerpo agotado y una mano sobre el pecho de Amanda.

Amanda, en cambio, seguía despierta.

El peso de la mentira le oprimía el pecho.

Y entonces, el celular vibró en la mesa de luz.

Amanda sintió el alma salírsele del cuerpo.

Con el corazón martillando, tomó el teléfono y desbloqueó la pantalla.

Con el corazón martillando, tomó el teléfono y desbloqueó la pantalla

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Amanda sintió un escalofrío helado recorrerle la espalda. Soltó el aire lentamente, apretando la mandíbula. Hija de puta.

Apagó la pantalla y dejó el celular a un lado, pero su cuerpo seguía tenso.

Al otro lado de la cama, Victoria se removió entre las sábanas y murmuró algo.

Amanda se quedó inmóvil. Victoria frunció el ceño en sueños.

—Mmm... soñé algo raro...

Amanda tragó saliva.

—¿Ah, sí?

—Sí... tú estabas en el auto...

Amanda sintió un escalofrío recorrerle la espalda —¿Y?

—Había agua... como un lago... Y había alguien más

Amanda sintió el estómago cerrársele — ¿Quien era?

Victoria entreabrió los ojos, pero ya estaba cayendo otra vez en el sueño.

—No sé... No me acuerdo...

Amanda se quedó en silencio, con la respiración contenida.

Victoria suspiró y se acomodó en la almohada, volviendo a dormirse.

Amanda, en cambio, se quedó despierta.

Con el veneno de Sofía corriéndole por la piel.

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𝐛𝐲𝐬𝐚𝐟𝐢𝐜𝐚

𝐌 𝐔 𝐒 𝐀 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora