𝟏𝟕

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ੈ✩‧₊𝐋𝐀 𝐙𝐎𝐑𝐑𝐈𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐏𝐔𝐄𝐑𝐓𝐎 𝐑𝐈𝐂𝐎ੈ✩‧₊

Amanda llevaba ya dos días sin contacto con Sofía, pese a que la rubia intentaba a diestra y siniestra

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Amanda llevaba ya dos días sin contacto con Sofía, pese a que la rubia intentaba a diestra y siniestra. Esa tarde, Amanda y su padre se encontraban solos en casa junto a Nora, los Costantini disfrutaban de una película juntos y Nora preparaba sus fantásticos canelones de verdura para mimar a su preferida.

La puerta sonó frenéticamente, como si fuera de vida o muerte. Nora dejó la comida por la mitad y se acercó a revisar quien tenía tanto afán por entrar.

—¿Y Amanda? —pregunta, sin siquiera saludar—

—Buenos días, señorita Sofia. No puedo dejarla pasar —niega, impiendole el paso a la rubia que intentaba ingresar a la fuerza— Por favor, no compliquemos la situación —pide—

—Déjame pasar, tarada —exige—

Ese grito alertó a Amanda, podía distinguir ese tono agudo en cualquier rincón del mundo.

—Tendré que llamar a seguridad —advierte Nora, cuando Sofia logró ingresar al sum—

—¡Amanda! ¡Veni! —comenzó a chillar—

Eduardo puso pausa a la película y se acercó a averiguar que pasaba, porque tanto griterío.

—¿Qué está pasando acá? Buen día, Sofia ¿Qué pasa? —pregunta, con su característico tono calmado y altivo— Ami está disfrutando de un momento de paz ¿Como puedo ayudarte?

—En nada, esto es entre tu hija y yo —niega la rubia, de brazos cruzados tamborileando el pie contra el suelo—

Aquella actitud soberbia no se le desaparecía jamás. Y todo era culpa de Amanda, quien le enseñó a vivir en el cielo, aún siendo el mismísimo Satan.

Amanda se acercó poco a poco, a paso ligero, no podía esconderse de ella por siempre.

—¿Qué queres? —pregunta desde detrás de su padre—

Sofia soltó una carcajada burlona —Habla conmigo de frente, no podes vivir atrás del culo de tu papá. No tenes 5 años, nena —reclama Sofia—

Su tono era pasivo-agresivo, buscando tocar la tecla que hiciera explotar a Amanda y tratando de herirla.

—Claro, como vos no tenes papá —rodó los ojos la morocha— Envidiosa —saboreó la palabra—

La rubia trató de avanzar hacia Amanda, pero el cuerpo de su suegro, o ex suegro, se lo impedía. Sofia mordía la parte interna de sus mejillas, consumida por la rabia; Amanda había tocado su fibra sensible, él abandono de su padre.

—Ya te lo dejé muy claro, Sofia. Quiero que te vayas de mi casa, no quiero verte nunca más —repite Amanda, adoptando una actitud defensiva—

—¿Y por que?

—Porque se me canta el orto —responde, sacada— ¿Tanto tenes que preguntar? No quiero estar más con vos y punto —recalca—

—¿Es por la zorrita de Puerto Rico? —se abalanzó sobre Amanda—

Su largo cabello azabache quedó enredado en los gruesos y largos dedos de Sofia, tirando con fuerza.

—¿Qué te pensas que te mandas sola, la concha de tu madre? Ya mismo agarras tus cositas y nos vamos a casa, hija de puta. —Cada vez ejercía más fuerza jalando el cuero cabelludo de Amanda, a su vez que dejaba fuertes cachetadas en su rostro—

Eduardo intervino, separando a Sofia de su hija. La rubia lo insultaba e intentaba golpearlo, tirando un florero en dirección a Amanda, logrando que los añicos de vidrio le cortaran las piernas. Finalmente, la seguridad del barrio llegó y saco a Sofia por la fuerza, sus gritos e insultos se escuchaban a la lejanía.

—¿Estas bien, Ami? —cuestiona su padre, preocupado por la heridas en sus piernas—

—Si, papi. No pasa nada —asegura, con una sonrisa tranquilizadora de esas que solo ella sabía dar—

—Hoy mismo cambiamos las cerraduras —advierte su padre— Es más... te vas a mudar, ahora vamos a buscar alguna casa más cerca y no te quiero en donde ella te pueda encontrar

Amanda sonrió, agradecida por el apoyo y amor incondicional que su padre mostraba hacia ella.

Deseaba alejarse de Sofia lo antes posible.

No era capaz de comprender como había soportado tantos años en una relación como esa, con violencia, abusos de todo tipo, insultos y humillaciones. Se sentía tan putamente idiota, y creía que en cierto modo lo merecía, pues si ella no era capaz de respetarse ¿Por que Sofia lo haría?

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𝐛𝐲𝐬𝐚𝐟𝐢𝐜𝐚

𝐌 𝐔 𝐒 𝐀 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora