𝟐𝟔

2.1K 134 193
                                        

˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚𝐀𝐍𝐃𝐘˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚

𝐧𝐨 𝐦𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐳𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐨𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐲 𝐞𝐥 𝐚𝐬𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐨𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐜𝐚𝐩𝐢𝐭𝐮𝐥𝐨

𝐧𝐨 𝐦𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐳𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐨𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐲 𝐞𝐥 𝐚𝐬𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐨𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐜𝐚𝐩𝐢𝐭𝐮𝐥𝐨

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La noche porteña estaba envuelta en un frío implacable, el invierno marcaba su dominio con ráfagas heladas que hacían temblar hasta los huesos. Pero dentro del lujoso auto de Amanda, el clima era otro. La calefacción apenas lograba competir con el calor que emanaba de sus cuerpos, cada vez más cerca, cada vez más ansiosos.

Venían de una cena larga con Eduardo. Había sido una velada elegante, pero agotadora. Amanda manejaba con una mano en el volante y la otra apoyada sobre el muslo de Victoria, quien se mordía el labio inferior mientras deslizaba los dedos con lentitud sobre la tela de su pantalón.

—Mami, te ves tan sexy cuando manejas así... —susurró Victoria con su marcado acento, inclinándose hacia Amanda, dejando que sus labios rozaran su cuello.

Amanda sonrió con un destello de picardía en los ojos, sin apartar la vista de la carretera.

—¿Ah, sí? ¿Y qué pensás hacer al respecto?

Victoria no contestó con palabras. Su mano comenzó a subir, deslizándose entre los muslos de Amanda, quien respiró hondo, tratando de concentrarse en la conducción. Pero la tentación era fuerte. La intensidad entre ellas siempre había sido palpable, pero esta noche, después de la cena, después de las miradas cómplices, después del vino... la tensión sexual era insoportable.

Cuando llegaron a la imponente casa de Amanda, apenas cruzaron la puerta antes de que Victoria la empujara contra la pared y atrapara su boca en un beso hambriento. Amanda gimió entre sus labios, tomándola por la cintura y girándola para presionarla contra la madera.

Las prendas comenzaron a desaparecer con prisa. Amanda deslizó los dedos por la espalda desnuda de Victoria, su piel ardía bajo su tacto. Victoria jadeó cuando sintió las manos de Amanda apoderándose de su cuerpo, explorándola con una mezcla de urgencia y devoción.

—Dime que me quieres, mami... —murmuró Victoria, su aliento caliente en el oído de Amanda.

Amanda sonrió, mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja.

—Me gustás demasiado, con eso alcanza...

Victoria rio, pero su risa se deshizo en un suspiro cuando Amanda bajó por su cuello, besando y mordiendo, dejando marcas de su deseo en la piel bronceada de la puertorriqueña.

Se movieron hasta la habitación, los cuerpos enredados, las respiraciones entrecortadas. Amanda la empujó sobre la cama y se acomodó encima de ella, dominándola con facilidad. Sus labios se encontraron una vez más, con besos húmedos y desesperados, mientras las manos de Amanda exploraban cada rincón de Victoria, haciéndola temblar, haciéndola gemir.

𝐌 𝐔 𝐒 𝐀 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora