¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Amanda abrió los ojos temprano esa mañana, antes del canto de los pájaros, antes incluso de que la luz se deslizara por los bordes de las cortinas. Sabía que ese domingo sería distinto, pero no por la expectativa del almuerzo. Era algo más profundo. Una conciencia callada que se había instalado dentro suyo desde que Domenica, una semana atrás, se había detenido demasiado tiempo frente a aquel cuadro en el MALBA. No habían dicho mucho entonces. Pero se habían entendido. Como si sus cuerpos ya se conocieran y las palabras sobraran.
A las nueve y media, Rufina entró a su cuarto sin anunciarse, como si aún tuvieran quince años y compartieran la misma complicidad de siempre. En la cama, Amanda sostenía una taza de café con ambas manos. Desnuda bajo la sábana blanca, su pelo negro brillaba con la tibieza de la mañana.
—¿Y que onda? —preguntó Rufina— ¿Ya sabés qué te vas a poner para recibir a la abogada más peligrosa de Buenos Aires?
Amanda arqueó una ceja.
— No es peligrosa.
— Ponele ¿La viste dar conferencias? Esa mujer es capaz de convencer a un Papa de que se saque la sotana.
Amanda soltó una risa baja, elegante, mientras dejaba la taza en la mesa de noche.
— No quiero que parezca que me esforcé demasiado, pero tampoco quiero parecer indiferente.
— No existe un solo segundo en que vos parezcas indiferente. Ponete el vestido gris. El que te hace un culo espléndido.
Amanda dudó —¿No es demasiado...?
—¿Hermoso? Sí, lo es.
— Putita iba a decir yo...
— Ponételo —insistió Rufina— Y las sandalias chatitas de Louis Vuitton. Las de tiras finas.
═══════════════════════════════
kittycostantini
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.