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En Argentina, el mundo se desmoronaba para Amanda. La lluvia caía sobre su cabeza y su fin de semana había sido perfecto, al llegar a su casa junto a Sofia, un particular perfume la sorprendió...
Olía a perfume florar, barato y como de abuela.
Su estómago se revolvió del asco.
—¿Quien estuvo acá? —soltó, sin titubear—
Sofia frunció el ceño, parecía no entender lo que su novia preguntaba. Amanda hizo un ademán con las manos, señalándose la nariz incitando a Sofia a tomar un gran respiro.
—¿Qué?No huelo nada —negó la rubia—
—¿Posta me decís? —alzó las cejas, incrédula—
Tal vez solo eran ideas suyas, por lo que decidió ignorarlo y continuar con lo suyo. Mientras Sofia cocinaba, ella ordenaría las maletas y lavaría lo necesario. Cantaba una canción de Victoria que aún no había salido y cuando estaba por colgar un abrigo noto algo extraño... Un tapado de cuero vacuno, original de Prada se veía diferente; lo quito de la percha y lo analizo, no era suyo. Este, en su lugar, era de Zara y de un material trucho.
Sofia no vestía Zara, y mucho menos Amanda.
Dudo, pero finalmente lo olió... Una gran arcada la atacó. No era solo por el mal olor de ese perfume, era por saber lo que significaba.
La sensación de vacío se le instaló en el estómago, el aire le faltaba y el corazón le dolía ¿Acaso había sido tan mala novia? Y si no, ¿Por que el amor de su vida le haría eso? Muchas preguntas y ni una respuesta.
Camino a paso firme hasta Sofia, sosteniendo ese estúpido saco en la mano.
—Eu —llama, Sofia se volteó y el saco impactó contra ella— ¿Y eso? La concha de tú madre, pedazo de hija de puta —pregunta, hirviendo de bronca—
—Es tuyo —responde Sofia, fingiendo no saber—
Amanda solo una carcajada—¿Desde cuando YO uso Zara? —
—Y no se, gorda —negó la rubia— Cálmate y vamos a comer —pide, le tendió un plato con fideos y salsa—
Amanda tomó ese plato en sus manos y lo revoleo brutamente hasta la pared más cercana, ensuciando el blanco perlado de las paredes y el suelo, con una gran mancha roja. Sofia la miraba incrédula, jamas había visto a su mujer reaccionar así.
—¿Sos pelotuda vos? Enferma mental —insulta Sofia— Loca de mierda, te inventas películas en la cabeza y me venis a reclamar a mi —susurraba, limpiando los pedazos de plato del piso—
—Que te chupe un huevo si rompo algo, mancho algo o tiro algo, total, la casa es mía y todo lo pago yo —recrimina—
Sofia se levantó del suelo y todos los pedazos de cerámica que junto los tiro directo a Amanda.
—¡Sos una materialista de mierda! ¡Todo plata, plata y plata! Ah ¡Y PUTAS! Igualita a tu papito —vocifero, con asco— ¡No te importa una mierda como estoy yo! ¿Te pensas que no me di cuenta que ya no me amas? ¿Qué no vi todo lo que publicaste con la trola aquella en Puerto Rico? —sus ojos se aguaron—
Por una vez, Sofia sentía lo que Amanda sentía a diario desde hace cinco años. Ella lloraba, explicando sus emociones y Amanda solo la observaba, vacía y sin sentimiento.
—Esta bien si, estuve con otra y eso es de ella, pero es para que me mires, es para que me prestes atención —sollozaba, ahogada en llanto—
—¿Y las otras veces también fue por eso? ¿Y cuando me gorreaste a los tres meses de empezar a salir? ¿Y cuando te empezaste a chamuyar a tu compañera? ¿Y cuando te enganche cogiendote a otra en mi auto? —pregunta, refrescándole la memoria a Sofia—
—No, gorda, te juro que no —se arrodilló frente a Amanda— Te pido perdón de mil maneras, no va a volver a pasar. Yo te amo a vos —suplica—
En algún otro momento, eso hubiera sido suficiente para que Amanda la perdonara, pero no esta vez.
Ya no existía el amor entre ellas, Amanda amaba a otra persona y Sofia solo quería los lujos que recibía de la familia Costantini, no quería a su novia.
—Tenes tres días para vaciarme la casa —advierte Amanda—
Tomo las llaves del coche y salió de la casa, el clima frío de invierno y la lluvia la envolvieron, Sofia gritaba tras ella, ordenándole que volviera, pero Amanda no era capaz de oírla.