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¡𝐋𝐀 𝐂𝐎𝐍𝐂𝐇𝐀 𝐃𝐄 𝐌𝐈 𝐌𝐀𝐃𝐑𝐄!

La radio estaba demasiado alta, pero ninguna de las dos quiso bajarla

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La radio estaba demasiado alta, pero ninguna de las dos quiso bajarla.

Amanda manejaba con una mano sobre el volante y la otra marcando el ritmo sobre su pierna. Victoria, de copiloto, cantaba exagerando cada palabra, teatral, como si estuviera en un escenario y no dentro de un auto común en una tarde cualquiera.

— Te estás equivocando la letra —se burló Amanda—

— No, la estoy cantando a mi modo

Amanda soltó una risa breve. La tensión de la mañana parecía disuelta, al menos en la superficie. Victoria llevaba el cabello suelto, los lentes apoyados sobre la cabeza y esa expresión despreocupada que a Amanda le daba una calma extraña. Como si, por unos minutos, nada pudiera arruinarles el día.

Se sostuvieron la mirada un segundo más de lo necesario. Victoria sonrió primero y volvió a la canción. Amanda subió un poco más el volumen.

Cantaban a todo pulmón cuando el auto de adelante frenó de golpe.

Amanda apenas tuvo tiempo de reaccionar, haciendo que el vehículo chocara contra. La Argentina primero se giró hacia Victoria

— ¿Estas bien? ¿Te lastimaste? —preguntó preocupada—

— I'm okey ¿y tu?

Amanda no respondió, se quitó rápido el cinturón y se bajó del auto al ver como el carro de adelante abría la puerta

— Pero ¿vos sos pelotuda? ¿Como vas a frenas así, pedazo de anormal?

Victoria bajó a intentar calmarla. La voz alterada de Amanda se calló al ver quien se bajó del otro auto.

— ¡La concha de mi madre! —exclamó, totalmente odiada por cruzarse con ella—

— ¿Cuales eran las posibilidades, gorda? —cuestionó Sofia con una sonrisa burlona— Ah, de nuevo vos —agregó con desprecio mirando a Victoria, quien cruzo los brazos deseando que sus ojos le estuvieran fallando y que no fuera realmente Sofia quien estuviera frente a ella— ¿Qué pasó con la otra? Esa era más linda

— ¿Que mierda te importa a vos? Dame los datos del seguro, dale —la apuro—

— ¿Que haces por acá? Contame, hace mucho no se de vos —pidió con coquetería, intentando provocar alguna reacción— Dale, gorda, si vos y yo nos llevamos bien

Sofia tocó el brazo de Amanda y Victoria chasqueó la lengua, enojada.

— Tengo una reunión con mi representada en media hora ¿Te parece si a la noche cenamos?

Amanda alzó una ceja, incrédula del comportamiento descarado de su ex.

— Las cuatro, digo —aclaro la rubia mirando a Victoria, quien sonrió falsamente— ¿Tenes el mismo número? Te paso los datos por ahí

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