33

1.6K 114 58
                                        

*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚𝐄𝐋 𝐂𝐔𝐋𝐎 𝐃𝐄𝐋 𝐌𝐔𝐍𝐃𝐎˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧

El rugido del Camaro ZL1 rompía el silencio de la madrugada boricua

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El rugido del Camaro ZL1 rompía el silencio de la madrugada boricua. Amanda manejaba con las ventanillas abajo, dejando que el aire caliente le azotara la cara, pero su mente estaba atrapada en otra tormenta.

Había cruzado el mundo sin pensarlo.

Sin avisar.

Victoria le había escrito, y ella había cerrado los ojos en Buenos Aires y los había abierto en Puerto Rico.

Pero ahora estaba ahí, frente a la casa de Victoria, y lo que la recibió no fue la mujer que la había hecho viajar en un impulso irracional.

Lo que la recibió fue un fantasma. La puerta se abrió y Andy apareció en el umbral.

Amanda no necesitó que nadie se lo dijera. Sabía exactamente quién era.

La chica de cabello cobrizo, tatuajes que hablaban de historias que Amanda desconocía, ojos afilados y una expresión que oscilaba entre la burla y el desdén.

Una parte de Amanda sintió un escalofrío. No por Andy en sí, sino porque, de alguna manera, ya la conocía.

La había escuchado en los labios de Victoria, en ese desliz involuntario en el peor momento posible. Amanda se quedó quieta, con las manos en los bolsillos, como si nada en el mundo pudiera afectarla.

Andy la recorrió con la mirada de arriba abajo. Se tomó su tiempo. La ropa cara, pero casual. La piel perfecta sin necesidad de filtros. La seguridad con la que se paraba, como si no tuviera dudas de que ella era el centro de cualquier lugar al que llegara.

Andy sintió celos y lo disfrazó con una sonrisa ladina cuando dijo:

— Hola. Soy Andy, la chica de Victoria.

Amanda arqueó una ceja. Su corazón bombeaba rabia, pero su boca sonrió.

— ¿Ah, sí? —respondió con un deje de burla— Mirá qué interesante.

Andy inclinó la cabeza, disfrutando la reacción de Amanda.

— ¿La buscabas a ella?

Amanda sostuvo la mirada sin pestañear.

— Decile que cuando se desocupe me llame —dijo con absoluta calma— Ya sabe dónde voy a estar.

Andy se cruzó de brazos — ¿Y si no quiere llamarte?

Amanda se rió por lo bajo.

— No te preocupes, lo va a querer hacer.

Se dio media vuelta sin esperar respuesta. Se subió al Camaro, pisó el acelerador y dejó a Andy en la entrada con las luces rojas del auto reflejándose en su piel.

Andy apretó la mandíbula, porque Amanda tenía razón. Victoria la iba a llamar.

El Airbnb olía a humedad y salitre, a recuerdos atrapados en las paredes. Amanda se dejó caer en el sillón, encendió un cigarro y cerró los ojos.

El nudo en el estómago no se deshacía, porque ahora todo encajaba...

Victoria ignorando sus mensajes.

Victoria volviéndose distante, como si la estuviera reemplazando en su cabeza sin decirlo en voz alta.

Amanda apretó los dientes. Había cruzado el océano por ella ¿Y para qué? Para encontrarla con su ex en su casa.

El cigarro se consumió entre sus dedos cuando escuchó los golpes en la puerta.

Uno, dos, tres.

Y Amanda supo quién era antes de abrir.

Victoria entró como una tormenta tropical, con el pelo alborotado y los ojos brillando.

— ¿QUÉ CARAJO TE PASA? —soltó Amanda antes de que Victoria pudiera hablar— ¿Me hacés venir hasta el culo del mundo y cuando llego resulta que ya tenés a otra en tu casa?

Victoria le devolvió la misma furia.

— ¡YO NO SABÍA QUE VENÍAS! ¡No me dijiste nada! ¿Y ahora vienes a reclamarme qué, Amanda?

— ¿Qué? ¿Que cuando llegué a tu casa me recibió tu ex, diciéndome que era tu chica?

Victoria se pasó las manos por la cara, exasperada.

— Andy no es mi chica —Amanda rió sin humor—

— ¿Ah, no? Porque así se presentó.

— ¡PUÑETA, NO ME JODAS! —explotó Victoria— ¡Que no me vengas con moralidades, Amanda, que yo vi la foto!

Amanda se congeló —¿Qué foto?

Victoria la miró con rabia.

— No te hagas la pendeja. La de Sofía. Su mano en tu vientre. ¿Te gusta todavía?

Amanda sintió un calor en la cara, pero no se permitió dudar.

— ¿De qué mierda hablás?

—De lo mismo de lo que hablas tú —escupió Victoria— De gente que no significa nada, pero que se mete en el medio.

Amanda la miró con los ojos entrecerrados.

— Sofía no significa nada.

— Andy tampoco —silencio—

Ambas respiraban fuerte, con los pechos subiendo y bajando como si acabaran de correr una maratón.

Amanda sintió el ardor en la garganta.

— Sos una forra —dijo, la voz baja, pero letal— Me trataste como si no importara. Como si lo que teníamos no fuera nada, cuando yo te elegí a vi ante todo...

Victoria la sostuvo con la mirada.

— ¿Ah, sí? —su voz era casi un susurro— Pues qué mierda de elección hiciste.

Amanda sintió que algo dentro suyo se rompía y la furia se transformó en algo más primitivo.

En ganas de llorar. En ganas de gritar.

En ganas de besarla hasta que todo volviera a tener sentido. Victoria también lo sintió.

Por eso, con un suspiro, dio un paso adelante y murmuró:

— Hecha pa' acá, dame un beso o vamo' a pichear si no.

Amanda la miró, el labio temblando de rabia.

Quería hacerlo. Dios, quería hacerlo.

Pero si lo hacía, se perdía.

Así que tomó aire, se sostuvo en su orgullo y escupió las únicas palabras que le quedaban.

— Ándate a la concha de tu madre, María Victoria.

Y Victoria sintió que la había perdido de verdad.

*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚

𝐛𝐲𝐬𝐚𝐟𝐢𝐜𝐚

𝐌 𝐔 𝐒 𝐀 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora