𝟎𝟐

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˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚𝐓𝐄 𝐄𝐍𝐂𝐎𝐍𝐓𝐑𝐄˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚

La música retumbaba en las paredes de la discoteca, el bajo vibrante resonando en el pecho de Amanda mientras hacía su camino a través de la multitud

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La música retumbaba en las paredes de la discoteca, el bajo vibrante resonando en el pecho de Amanda mientras hacía su camino a través de la multitud. Las luces de neón parpadeaban, creando un ambiente casi hipnótico. Se sentía un tanto fuera de lugar, aunque la euforia del lugar prometía una noche llena de diversión. Rufina, siempre a su lado, movía la cabeza al ritmo de la música, sonriendo como si supiera un secreto que Amanda aún no conocía.

—¡Dale, Kitty! ¡Revolea un poco el culo, algo! —exige Rufina, entre risas y sacudiendo el cuerpo al ritmo de la música —Parece que estamos de velorio, che...

Amanda rodó los ojos, divertida por el carácter despreocupado de su mejor amiga. Las dos amigas se unieron a la pista de baile, donde la energía era contagiosa. Amanda sentía que la música comenzaba a arrastrarla, como si el ritmo la liberara de sus preocupaciones, pero, a medida que avanzaba la noche, su mente seguía inquieta. No podía evitar pensar en Sofía, en la conversación que habían tenido días atrás, cuando todo había llegado a un punto crítico.

Las sonrisas de su amiga no lograban borrar la sensación de vacío que había dejado esa charla.

—¡Foto! —chilló Rufina, antes de que un flash impactara directo en la cara de Amanda—

rufinasz

rufinasz: mi compañera de pista 💜 t amo

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soofi.velazquez: que morocha diomio😍

Fue entonces cuando, de la nada, una figura familiar apareció en la distancia. Amanda parpadeó, intentando procesar lo que veía.

En medio de la multitud, una mujer de cabello castaño, ojos azules y brazos tatuados se movía con gracia al ritmo de la música.

No podía ser... pero sí, era Victoria. La última vez que se habían visto fue en el verano de 2007, cuando Amanda tenía apenas siete años y Victoria diez.

Amanda se escabullo entre la multitud, acercándose poco a poco a la puertorriqueña, cohibida por el alcohol en su sistema. Al estar detrás de ella, no lo pensó, pego su cuerpo al suyo y con la delicadeza de quien porta una bomba en su mano, corrió el cabello de su cuello y le susurró al oído...

—Te encontré —susurra, con el calor de su aliento chocando contra el lóbulo de la castaña. Victoria giro la cabeza y sus ojos se encontraron —

En ese instante, el resto del mundo desapareció. Amanda sintió un torrente de emociones: nostalgia, alegría, incluso un leve temor. Las dos mujeres se sonrieron, como si el tiempo no hubiera pasado.

—¡Amandita! —exclamó Victoria, abriendo los brazos para abrazarla—No puedo creer que seas tú.

Amanda se lanzó a sus brazos, sintiendo la calidez y la familiaridad de la amistad. Cuando se separaron, sus miradas estaban llenas de historias no contadas.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Victoria, sin poder contener su emoción.

—Estoy de vacaciones con mi mejor amiga —respondió Amanda, señalando a su amiga que seguía bailando— ¿Y vos?

—Vine a disfrutar de la música con unos amigos —dijo Victoria, moviendo los brazos como si tratara de captar toda la energía del lugar—¡Esta discoteca es increíble!

—Sí, la verdad me viene gustando bastante —asegura, dándole un sorbo a su bebida—

Las dos comenzaron a bailar juntas, y a medida que la música se hacía más intensa, la conversación fluía con facilidad. Se pusieron al día sobre sus vidas, riendo y compartiendo anécdotas. Amanda se sintió como si nunca se hubieran separado.

Victoria desapareció por un breve momento, estaba hablando con sus amigos. Rufina las observaba desde la distancia, con las cejas alzadas, curiosa por quien era la castaña con la que tanto se reía su mejor amiga.

—Sorry baby, i'm back with you —avisa Victoria, acomodándose al lado de la Argentina— Veo a tu amiga mirando... —comenta, casual— Mi amigo pregunta por tu amiga...

Amanda sonríe, el amigo de Victoria se veía tal cual como el type de Rufina. Amanda le hizo señas a Rufina, quien las entendió rápidamente y se acerco al grupo de amigos.

—¿Qué onda todo este tiempo? ¿Cómo anduviste? —pregunta Amanda, antes de pedir otra ronda de tragos—

—Aquí, tratando de avanzar, tú sabes... Estoy sacando par de canciones, pero nada muy profesional; Estoy tatuando... esas cosas, nothing more, i guess ¿Y tú? ¿Qué tal la vida en Argentina? ¿Sigues viviendo ahí?

—Obvio, siempre en Argentina... Yo, nada mucho más interesante, soy pintora... —Victoria alza las cejas, interesada en la conversión— Estoy todo el día en el taller, pintando a diestra y siniestra, pero bien, gracias a Dios —asegura, curvando sus labios hacia abajo, restándole importancia— Háblame de vos, de tu música, quiero saber

Victoria sonrió, conmovida por el interés genuino en el tono de Amanda.

—Mami, no me des cuerda —ríe—

—Tengo toda la noche, así que tranqui...

Amanda se permitió disfrutar del momento, sintiendo que la vida, aunque compleja, seguía ofreciéndole oportunidades para disfrutar.

A medida que avanzaba la noche, Amanda decidió que era momento de dejar de lado sus preocupaciones por Sofía. La vida era demasiado corta para permitir que el pasado dictara su presente. Al final de la noche, mientras salían de la discoteca, Amanda sintió una renovada esperanza.

Con Victoria a su lado, no solo había recuperado a una amiga del pasado, sino que también había encontrado la fuerza para mirar hacia el futuro.

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𝐛𝐲𝐬𝐚𝐟𝐢𝐜𝐚

𝐌 𝐔 𝐒 𝐀 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora