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La ausencia de Victoria aún se sentía en el aire de Buenos Aires, pero Amanda se negaba a quedarse estancada en la nostalgia. Habían pasado solo un día desde la partida de Victoria y ya había cerrado tres ventas importantes, negociado una exposición en Nueva York y pintado como si tuviera fuego en las manos. Todo iba según lo planeado. Todo estaba bajo control.
Hasta que el silencio se hacía demasiado largo.
Hasta que miraba el teléfono y Victoria no estaba.
Rufina, con su ojo clínico para detectar el desastre emocional, se plantó frente a Amanda y la miró como si estuviera a punto de sacudirla.
—Kitty, basta. Estás haciendo quilombo en tu cabeza. Necesitás salir.
Amanda frunció el ceño sin apartar la vista del lienzo en el que trabajaba.
—Estoy bien.
—No me mientas. Hace casi dos días que no hacés nada más que pintar y vender cuadros. ¿Desde cuándo sos tan aburrida?
Amanda suspiró y dejó el pincel en la mesa. Rufina tenía razón, como siempre.
—¿Qué proponés?
—Salir. A hacer algo de amigas. Nada de eventos ni de reuniones de negocios. Cenamos, tomamos algo, nos reímos un rato.
Amanda dudó un segundo, pero luego asintió. Rufina era la única persona capaz de arrastrarla fuera de su cabeza.
Mientras tanto, en Puerto Rico...
Victoria llevaba horas en el estudio, pero su concentración estaba en ruinas. Mariana lo notó enseguida.
—Estás con la cabeza en otro lado —acusó, sentándose a su lado.
Victoria se frotó el rostro con ambas manos.
—No sé qué me pasa...
—Extrañás a Amanda.
Victoria chasqueó la lengua y miró a otro lado, incómoda.
—No es solo eso. No sé... siento que todo se mueve muy rápido. No me da tiempo de respirar.
Mariana la observó en silencio. Sabía que Victoria tenía sentimientos que no se permitía verbalizar.
—Llamala.
—Después.
Pero el después nunca llegaba.
Esa noche, sus amigos la convencieron de salir a despejarse. Terminaron en un bar en Mayagüez, entre tragos y risas, cuando alguien llegó tarde al encuentro: Andrea.
Victoria no la había visto en meses, casi años. No era sorpresa, ya que Andrea siempre había estado en su propio mundo, pero ahora que Victoria estaba volviéndose famosa, ella había encontrado la forma de acercarse de nuevo.
—¿Desde cuándo la estrella de Puerto Rico no avisa cuando está en el país? —bromeó Andrea al verla, sentándose a su lado.
Victoria sonrió con cautela —No llevo ni dos días aquí.
—Y ya me estabas evadiendo.
La conversación fluyó con naturalidad, como si no hubiera pasado el tiempo. Andrea tenía ese aire familiar, un lugar seguro en la vida de Victoria, y eso la tranquilizaba.
Hasta que vio la notificación en su teléfono.
kittycostantini
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kittycostantini: Best combo 💘 @rufinasz
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rufinasz: Mi alma gemela 🫂🫀
soofi.velazquez: las morochas más lindas ↳ rufinasz: ahora le cuento a tu novia
Amanda había hecho una publicación. Era una foto en un restaurante de Buenos Aires, ella y Rufina riendo. No era una imagen particularmente provocadora, pero Victoria sintió un pinchazo de incomodidad en el pecho.
Andrea, que había notado su cambio de expresión, se inclinó para mirar la pantalla.
—¿Ella es Kitty?
Victoria bloqueó el celular —Sí
Andrea sonrió con cierta picardía.
—Parece que la está pasando bien sin ti.
Victoria bebió un trago de su copa y cambió de tema. Pero por dentro, la idea la quemaba.