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Amanda entró por detrás del estadio cuando el show ya había arrancado. El sonido la envolvió de golpe, grave y constante, como si el piso respirara. Miró la hora en el celular, casi por reflejo. Según el plan, recién iba a llegar después. Esta vez, no.
— El vuelo se adelantó —respondió ella, encogiéndose de hombros— Iba a llegar más tarde, pero bueno... acá me tienen. Llego por quien lloraban —rie—
Mariana sonrió grande, sorprendida.
— Que bueno eso, nena. Pensamos que ibas a estar aquí después de toda esta jodienda
— Yo también, pero por suerte no me lo pierdo
— Pues llegaste en el mejor momento —metió Jonuel— Está prendía allá arriba.
Bonaroti miró hacia el escenario y después a ella.
— Quédate aquí, que de este costado se ve perfecto.
Bonaroti le alcanzó agua.
— ¿Italia? —preguntó, simple, sin carga— ¿Bien?
— Sí —respondió Amanda— Raro, pero tranquilo. Que se yo.
Asintió, sin repreguntar.
Amanda se quedó al costado del escenario. Sacó el teléfono y empezó a sacar fotos sin pensar demasiado. Detalles. Gestos. La forma en que Victoria se movía con naturalidad, como si el escenario fuera una extensión del cuerpo. Cantaba bajito, acompañando, con el acento bien argentino, casi sin darse cuenta.
Victoria la vio. Fue en un barrido rápido de la mirada. Se quedó un segundo de más. Sonrió. Una sonrisa clara, abierta, de sorpresa linda. Siguió con la canción, pero ya no dejaba de buscarla cada tanto.
Cuando bajó del escenario fue directo hacia ella. Corrió, exageró. Necesitaba sentirla cerca lo antes posible.
— ¿Que haces aquí? Pensé que llegabas más tarde
— Yo también —contestó Amanda— Me adelantaron el vuelo.
Victoria la abrazó, contenta, sincera.
— Me alegraste la noche.
Volvieron juntas en auto al hotel. Caminaron cerca, relajadas. En el ascensor, Victoria le tomó la mano.
— Ki —dijo— Te preparé algo...
— ¿Ah, sí?
— Sí. Porque quería recibirte bien.
Amanda la miró, intrigada. Victoria sonrió satisfecha.
La puerta del hotel se cerró con un sonido seco. Victoria apoyó la mano un segundo, como si necesitara asegurarse de que ya no había interrupciones. Amanda dejó el bolso en el piso sin mirar alrededor. Recién entonces levantó la vista.