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La luz azul de la tele iluminaba la habitación, donde Rufina y Amanda estaban tiradas como dos adolescentes que nunca crecieron. Rufina hurgaba en el pote de helado con una cuchara y Amanda le iba robando cucharadas sin pedir permiso.
— Gorda, dejá de robarme, pedite el tuyo —refunfuñó Rufina, con la boca llena.
— Shhh, si vos no lo terminás nunca —le respondió Amanda, y le metió otra cucharada.
— Te voy a matar —se rió Rufina, apoyando la cabeza en su hombro.
El celular vibró en la mesa de luz. Amanda lo agarró sin mirar, pensando que sería Domenica mandando un "¿ya cenaste?". Pero el nombre en la pantalla la paralizó.
═══════════════════════════════ llamada de WhatsApp Mikoo 🫀 ═══════════════════════════════
Amanda se quedó dura. Rufina la miró fijo, con esa seriedad que le salía solo en momentos clave.
— Atendé, gorda.
Amanda deslizó el dedo —¿Hola?
— Amandita... —la voz al otro lado estaba hecha pedazos.
Amanda se incorporó de golpe.
— ¿Qué pasó, Vicky? ¿Estás bien?
Un respiro largo, como si le costara hablar.
— Terminé con Andrea. Ya... ya no más. Fue feo, Kitty. Muy feo.
Amanda apretó los dientes.
— ¿Qué pasó?
— No importa. —Pausa— Lo que importa es que se acabó. Y yo pensé... pensé que ahora sí. Que al fin tú y yo...
Amanda se rascó el cuello, sin poder tragar.
Rufina la miraba en silencio, como si adivinara cada palabra antes de escucharla.
— Vicky... yo... sigo con Domenica.
Un silencio brutal.
— ¿Con... Bellorini? —escupió Victoria, con incredulidad y rabia— ¿Después de te cogí mientras estabas con ella?
— Ella me perdonó. Quiso seguir conmigo.
La respiración de Victoria se volvió un jadeo herido. Y entonces, cortante:
— Oh, good... I guess. Bye, Kitty.
Click.
Amanda se quedó mirando el celular como si le ardiera. No dijo nada.