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Amanda condujo hasta donde Joshua le indicó era el local de tatuajes para el que trabajaba Victoria, no sin antes comprar comida para que ambas almorzaran juntas.
Ingreso al estudio y una campanilla sonó sobre su cabeza indicando su llegada, una mujer de cabello castaño se acerco a recibirla.
—Alo, mi amor ¿Como puedo ayudarte? —aquel acento que derretía a la argentina y a la vez, le recordaba tanto a su castaña— ¿Yo te conozco de algún lado? By the way, soy Nik —se presenta, estirando su mano—
Amanda la acepta con una sonrisa —Soy Kitty —responde— Y la verdad, no creo haberte visto nunca en mi vida —ríe. El coqueteo le salía por los poros, sin intentarlo, como si fuera una parte esencial de su personalidad—
Victoria, desde dentro de una habitación detuvo la maquina al escuchar aquel tan marcado acento argentino y esa risa tímida que se le había grabado a fuego en los tímpanos. No podía ser Amanda, por lo que continuo con su trabajo pero atenta a la charla.
—¡Uh, extranjera! Me gusta —coquetea deliberadamente— Dime ¿En que te puedo ayudar?
—Estoy buscando a Victoria—responde— ¿Esta acá?
— ¿Miko? —Amanda asintió— Esta atendiendo ahora, pero si gustas vienes a mi despacho y conversamos mientras la esperas, mi amor —propone flirteando—
Amanda sonrió tímida, era una mujer bonita pero no era Victoria en lo absoluto.
—Gracias, pero prefiero esperarla acá —niega educadamente— ¿Puedo? —pregunta señalando los sillones, que supuso eran para esperar su turno—
—Obvio, baby —afirma—
Nik camino hasta el despacho de Victoria y toco a su puerta, para avisarle que alguien preguntaba por ella.
—Mikito —llama— 're looking for you... una nena bien linda, carita de muñeca y culo de revista —avisa, alzando las cejas, pervertida—
Victoria automáticamente reconoció esa descripción. Cualquier otra mujer con la que haya estado tenia su encanto, pero Amanda era sin dudas, su copa del mundo.
—Dile que termino en 15 y estoy todita pa' ella —pide, sin detener la maquina—
Nik se acercó de nuevo a Amanda.
—En 15 esta pa' ti, mami —sonríe, antes de alejarse a atender a un hombre que había entrado segundos atrás—
Minutos después Victoria se asomó despidiendo a quien había sido su cliente, le hizo señas a Amanda para que ingresara a su despacho y ni bien la vio, la abrazó.
—Alo, baby ¿Como 'ta? —pregunta sin soltarla—
—Bien, mi vida... Te traje algo —señalo su bolso—
Rebusco un poco entre el y saco una caja de ramen, del mejor restaurante chino de Puerto Rico.
Gracias Joshua por el dato.
— La puertorriqueña dio saltitos de emoción. —Acho, mami, gracias... I'm starving —arrastro las palabras, emocionada—
Victoria se sentó en el suelo, justo a un lado de Amanda. Sus brazos rozaban entre si.
—Y traje postre, pero eso para después —comenta Amanda, con una sonrisa sugerente—
—Mami, tú sabes que yo te comería de desayuno, almuerzo, cena, postre y hasta recalentado —asegura la castaña. Amanda río, negando—
—Es postre de verdad, atrevida
Para Amanda, estar ahí, comiendo ramen, encorvada y en el suelo era el opuesto total a la vida de lujo, elegancia y modales que vivía en Argentina; pero había algo en la presencia de Victoria, que hacía hermoso hasta ese plan tan simple.
Victoria, por su parte, se sentía extraña. El hecho de que Amanda estuviera allí compartiendo ese pequeño momento, hacía que miles de mariposas revolotearan en su interior; pero la incertidumbre y el miedo se apoderaban de su cabeza ¿Algún día podría darle todos esos lujos a los que su familia la había acostumbrado? ¿Cuanto tiempo más soportaría aquellos planes simples? ¿Se olvidaría de ella apenas aborde su vuelo a Buenos Aires? ¿Y si esa tal Sofia podía darle una vida mejor y lo suyo no fue más que una aventura de verano?
Mientras los pensamientos devoraban a Victoria, la morocha la observaba agradeciéndole a Dios por cruzarla nuevamente en su camino, pidiéndole porque la vida siempre sonría para ella y estando totalmente convencida de que Victoria era la mejor mujer que había conocido jamás. Sonreía embobada, concentrada en cada detalle de su cara, tratando de recordarlo para siempre. Aquellos ojos azules, las pequeñas pecas sobre el puente de su nariz, esas pestañas largas y rebeldes... Todo, quería jamás olvidarse ningún detalle de ese rostros tan lindo.
La miraba como si fuera el cuadro más hermoso jamás hecho por su artista favorito.
—¿Escuchaste mis canciones? —la voz de Victoria interrumpió su momento de apreciación al arte—
—Puede ser —revoleo los ojos, divertida— Bueno, si
— ¿Y que te parecieron? —pregunta, insegura—
No era consciente de ello, pero la opinión que Amanda pudiera generar sobre ella le importaba.
—¡Me encantaron! Tenes que tomarte esto más enserio, posta te digo —asegura, emocionada. Veía en la puertorriqueña un potencial enorme —
La conversación fluyó tranquilamente entre ambas, Victoria le mostró algunas maquetas, proyectos incompletos y le contó sobre sus sueños. Sus ojos tomaban un brillo especialmente bello al imaginarse cumpliendo todo lo que alguna vez había soñado.
—Pero bueno, para eso se necesita dinero y el estudio me queda muy lejos, you know. Hay que josearle daily, no hay de otra, mami —suspira, antes de tomar un sorbo de agua—
La lamparita de Amanda se encendió, tenia una idea maravillosa. Decidió no decirle a Victoria, su honor no le permitiría aceptar su regalo.
El break de Victoria ya finalizó y Amanda decidió volver a su airbnb junto a Rufina. Ya con aire renovado, tener a la castaña cerca le mejoraba notablemente el humor. Dedico toda la tarde a planear junto a Rufina, Joshua, Mariana y Mauro la sorpresa que Amanda le daría.