— ¡LANG! — Morgan iba a darle una larga pero muy larga regañiza a la alfa solo después de darle un abrazo asegurándose de que estuviera bien.
Pero es que no había pensado en nada, lo niños asustados, su estado de salud, lo imprudente, carajo, que había muchos mejores planes en los que ella podría haber participado que lo que terminó haciendo. Además, de verdad le había dolido el golpe, que si alguna vez les han sacado el aire con un golpe sabrán lo doloroso y desesperante que es.
Morgan trataba de usar su oído para encontrar a Lang, también su olfato, y si bien había mejorado muchísimo aún le era imposible buscar a nadie, mucho menos con toda la gente corriendo y gritando buscando refugio por el inminente ataque que se aproximaba.
Y es que se lo merecía, por tonta, por haberse comportado como una niña con Lang cada vez que tenía oportunidad, ahora tal vez era esa alfa devolviendolo, así que no podía quejarse tampoco.
— Lang, por favor responde. — Ya ni siquiera gritaba, porque estaba igual de aturdida que la mayoría de las personas, y porque se sentía culpable de haber dejado a todos los niño a cargo de un par de betas que pasaron (Oigan, que tampoco era una irresponsable, sabía que los niños necesitaban protección por sobre todas las cosas)
Mierda, debía ir con Ulva, seguro que sabría que hacer, aunque se distrajera, el punto clave era Lang y todos lo sabían, así que por lo menos saber donde estaba era la prioridad.
Corrió tan rápido como pudo, a cada paso las calles se vaciaban un poco más, ya cada persona de aquel pueblo se escondía en sus casas o estaba lista para salir a defender a los demás, porque eso eran los licántropos, una gran familia que daba todo por la seguridad del resto pues sabían que los demás harían lo mismo.
Al entrar a la casa del alfa se encontró con un desierto, era como si adentro de esas cuatro paredes no hubiera un solo ruido, ni siquiera el de la calle, todo se volvió silencio, uno abrumador y aterrador que le calaba en los huesos porque parecía murmurar al oído que lo malo ya había pasado y no había nada que hacer al respecto.
Por mero instinto se volvió de lo más cautelosa, caminando pegada a la pared, midiendo sus pasos y con sus sentidos al borde de un ataque de nervios, pero nada, seguía sin poder percibir nada. Para tratar de tranquilizarse a ella misma comenzó a pensar que tal vez había salido a pelear, era la explicación más plausible a su desaparición, pero es que hacía menos de una hora esa casa parecía un parque de atracciones en un viernes en plenas vacaciones decembrinas así que imaginar que ahora no quedaba ni una sola alma porque todos y absolutamente todos tenían que pelear era difícil.
Entró al despacho, esa habitación que sin importar de qué manada estuviéramos hablando siempre era igual, un cuarto insonorizado adornado de lo que cada alfa consideraba un trofeo, siempre todo en detalles dorados o plateados y principalmente construido de maderas finas que dejaba claro, esos cabeza hueca tenían gustos similares. Pero ahora era diferente y mucho más aterrador, la alfombra blanca, pulcra hasta ese momento tenía un camino de sangre hasta la parte trasera del escritorio dónde, sin duda alguna, se podía ver parte de la pierna de un cuerpo tirado en el suelo.
A decir verdad a Morgan le hubiera encantado decir que con un gran heroísmo corrió a darle primeros auxilios a quien fuera que estaba tirado ahí detrás, pero como ahora puede resultar obvio, no fué así, más bien se petrificó por lo que bien pudieron haber sido un par de minutos sin problema alguno, dónde su mirada se clavó en la sangre y, mientras trataba de hacerse creer a ella misma que eso era falso, deseaba con todo su corazón que por impacto de la escena sus sentidos estuvieran fallando, porque tampoco podía oir el pulso cardiaco de aquella persona.
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Poco Convencional
Fiksi Ilmiah¿Quién ha de creer que los mundos de fantasía existen? Claro que Morgan no lo creía, ni cualquier persona normal hasta que una chica torpe llegó como estampida a su vida diciéndole "Te amo" " Estamos hechas la una para la otra" Y aunque eso no era...
