Como es costumbre, por su mente empiezan a pasar las millones de posibilidades de dicha situación. Sabe que Hyunjin lo desea, mucho más de lo que le gustaría admitir (y el sentimiento es mutuo, pero él no tiene ningún problema en gritarle al mundo que sus fantasías sexuales envuelven a Hyunjin. SIEMPRE), que los une esa lujuria que puede más que la razón, que Hyunjin pasó por la autoridad de Jisung sólo para pasar el celo con él.
Sin embargo, la sensación de vacío y algo de inquietud lo abrazan con fuerza. Es imposible no pensar en lo peor, en no sospechar de cualquier cosa que él desconozca. Con lo del espía, ahora Jeongin tiene que andar viendo de un lado a otro con cuidado, y esa llamada...
Primero le dice que no tiene importancia, después se aparta entre la multitud para contestarla. Maldición, Hyunjin, ¿dónde está tu jodida lógica?, piensa con cierta amargura.
Ya casi cuando está decidido a acercarse un poco a Hyunjin para ver qué tanto habla con Karina (porque Jeongin logra verlo a la distancia, ocultándose un poco y mirando de un lado a otro como si se cuidara de que no escuchen su conversación), una voz a su espalda lo interrumpe.
—Vaya, el Hwang hijo te dejó solo— le dicen.
Ah, vaya. El infierno lo odia, sin duda alguna, porque no tiene que darse la vuelta para saber que se trata de Jaehyun. Jeongin pone los ojos en blanco, hace su mejor rostro de inocencia (algo que ya no funciona en su hermanito. Llorará en cualquier momento) y poco a poco, tomando una respiración profunda, se gira hacia él.
Sólo para darse cuenta de que no lo había olido, ni siquiera mientras se acercaba. Las feromonas alfas de Jaehyun, las cuales identifica a la perfección (como todo omega) desde una distancia considerable, parecen no existir. Es como si se tratara de un beta que poco a poco va perdiendo su esencia hasta el punto en que ya no la tiene, en el que ya no la posee.
Es imposible que la situación de Hyunjin lo distrajera tanto como para no saber que Jaehyun estaba entre toda esa gente.
—Y al parecer se llevó tu lengua con él— Jaehyun dice, por completo serio, cuando Jeongin se dedica a observarlo con los ojos bien abiertos.
Hace tiempo que no lo veía, al menos no cara a cara. Sólo mediante fotos, poco después del escándalo con Yeji, y un altercado que tuvo en un bar hace casi un mes. Sus padres ya no hablan de él e inclusive ya no vive en la mansión, pero nadie sabe en dónde duerme además de que no ha utilizado dinero de la cuenta bancaria familiar.
De ser así lo sabría, pero no.
Aún puede ver cierta tensión en su cuerpo, el odio brillando en los ojos. Pero las feromonas de ira, de impotencia, de furia, se desvanecieron como si nada. Y eso lo pone demasiado intranquilo.
—¿Qué haces aquí? —pregunta con seriedad, dejando escapar un tinte de veneno en su voz. Pero lo susurra, siempre recordando que están en público y siempre tendrá una imagen que mantener —Pensé que... —
Jaehyun gruñe y vaya, al parecer esa imagen que intenta representar sólo se trata de una farsa. Sin embargo, la esencia sigue siendo mínima, casi nula, como si frente a él no estuviera Yang Jaehyun, alfa, sino un beta más. Esa sensación de inquietud se vuelve a esparcir por todo su ser.
Detrás, a la distancia, ve a los Hwang restantes llegar, observando a su alrededor. Girándose un poco, Hyunjin sigue hablando por teléfono y sus ojos se encuentran por breves segundos; pero después el desgraciado aparta la vista, girándose para darle la espalda y continuar con su llamada como si nada.
Esta vez es incapaz de no soltar esas feromonas, y a pesar de que cuando vuelve sus ojos a Jaehyun éste tiene arrugada la nariz por la misma intensidad, sus ojos se surcan en una sonrisa burlona que quiere quitarle a golpes.
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GET LIT
FanfictionOmegaverse Cuando tu familia se ha encargado de menospreciarte y humillarte, el odio parece ser el único sentimiento que conoces, ese mismo odio que será tu motor para planear como destruir a tu perfecta familia. O Cuando odias a tu familia y qui...
