CAPITULO 47

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Desembarco del Rey

El sol brillaba en lo alto en Desembarco del Rey, pero la gente no disfruta del buen clima, la gente del pueblo estaba empezando a sentir la falta de comida y las peleas empezaban, los guardias intentaban controlar la situación, pero poco a poco se empezaba a salir de sus manos.

Dos figuras con capas que los cubrían desde cabeza a pies se movían entre las sombras hasta llegar a una puerta entre las rocas de la playa que se compartía con la Fortaleza Roja, el hombre con la guardia en alta y una mano en la espada por cualquier amenaza que apareciera y estar listo para atacar y proteger.

La figura más delgada se movía con elegancia aun si sus pasos eran rápidos y en su mano cargaba una antorcha para iluminar su camino, abrió la puerta y ambos se adentraron a un pasillo oscuro, la mujer conocía a la perfección el camino, un camino que descubrió con el paso del tiempo. Paso tiempo para poder llegar a la habitación a la que ella esperaba llegar, antes de abrir la puerta miro al hombre y con la mirada le hizo entender que debería quedarse en el lugar. El hombre estaba a punto de negarse, pero la mirada de la mujer lo hizo callar y hacer lo que ella pedía, tomo la antorcha y se quedó en el pasillo secreto.

La mujer abrió la puerta con cuidado y se adentró, siendo golpeada por la luz, se obligó a adaptarse para poder ver a su alrededor, con cuidado cerró la puerta del pasillo secreto y vio que la que antes era una biblioteca privada ahora era una habitación, dio dos pasos y tropezó con unos juguetes, se agacho y tomo dos figuras de dragón, los miro con una leve sonrisa y se obligó a apreciar más el lugar, tomo aire cuando sus ojos cayeron en la puerta.

Se a cerco con cautela, pego su oreja a la puerta para escuchar detrás de esta, escucho voces, pero pudo identificarlas, y sin más abrió la puerta con lentitud para no hacerse notar, asomo la cabeza y jamás imagino presenciar una escena tan tranquila y tan íntima que ella misma se sintió como una intrusa, Aemond y Rhaena estaban desayunando tranquilamente con una conversación muy amena, pero ver esa sonrisa tan sincera en su hermano; la hizo que su cuerpo la traicionara y sus piernas caminaron hasta estar a la vista de su hermano.

-Rhaenyra... - dijo Aemond con sorpresa, pero sin alzar tanto la voz.

Rhaena se levantó de su lugar de inmediato y se giró para para poder ver con sus propios ojos a la mujer que la sostuvo y que considero como una madre después de la muerte de su madre Laena.

La menor no dudo en correr a los brazos de la mujer, Rhaenyra la envolvió en sus brazos y dejo besos en su frente, ambas derramaron lágrimas de felicidad al verse, y su fuerza en el abrazo demostraba cuanta falta se hacían, la mayor sintió paz en su cuerpo al tenerla entre sus brazos.

Rhaenyra tomo los hombros de Rhaena para alejarla un poco, quería verla, sus manos de Rhaenyra palpaban los brazos de la menor buscando alguna herida, al no notar nada la volvió a abrazar.

-Por los Dioses, estaba tan preocupada. – hablo Rhaenyra en voz baja, en su voz se notaba el alivio.

-Estoy bien. – aseguro Rhaena con una sonrisa. - ¿Joffrey está contigo? – pregunto con impaciencia.

-Lo está, él está bien. – prometió ella con una sonrisa.

Aemond se sentía fuera de lugar, pero permaneció a unos pasos de ellas, no sabía bien como sentirse, el hecho de que su media hermana estuviera en su habitación y que podía entrar al castillo como si nada, pero entro en pánico al imaginar la razón de su visita y no le agrada, una parte de él lo llevaban a alejar a Rhaena del lado de Rhaenyra por la posible intrusión de poder llevarse a la mujer que el ama.

-¿Qué haces aquí? – pregunto Aemond sin detener su lengua, su pregunta fue brusca pero necesitaba saber que hacia ella aquí.

Rhaenyra soltó a Rhaena y miro a su hermano, la sonrisa que había podido presenciar hace unos instantes en la privacidad entre Aemond y Rhaena, se había ido, volvia hacer ese joven con semblante frio y esa mirada peligrosa que siempre la hacía correr a otro lado, no lo aceptaría nunca, pero era verdad, Rhaenyra a veces temía de su hermano.

DANZA DE DRAGONESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora