CAPITULO 49

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DRAGONSTONE

Daemon miro la carta de su hija, el sello era un dragón con tres cabezas, la cera de color rojo se rompió cuando el jalo parte del sobre para poder sacar la carta.

Al ver la letra supo que era la de Rhaena, eso confirmaba que esa carta fue escrita a puño de su hija, una escritura perfecta en Valyrio.

Querido Padre.

Sé que en estos momentos puedes odiar el hecho de que tu sangre asido mezclada con la sangre de los Hightower, se cuánto es tu odio a ellos, pero hoy pido que veas a Aemond como lo que es realmente, tu sobrino, tu sangre, el hombre que amo, el hombre que hoy es mi esposo.

Puede que pienses que has fallado como padre al verme unida con él, pero no, has criado a hijas guerreras, en nuestra sangre corre la magia de los dragones y en Aemond también lo hace, era inevitable, ahora más que nunca puedo entender porque siempre escogerías a Rhaenyra ante cualquier mujer, no reprocho nada, sé que una parta de ti amaba a mi madre, pero ese amor que sientes por Rhaenyra es más grande, una vez dijiste que ustedes estaban destinados y que la sangre de dragón los llama y los consumía, entiendo ahora todo con más claridad, ahora puedo entenderte padre, intente no ceder, intente no caer en ello, pero el fuego nos consume, el fuego nos llama a estar cercas, uno del otro.

Aemond es mi destino y yo el de él.

Te pido que confíes en él, pero te conozco y sé que nunca lo harás, pero quiero que al menos consideres mi felicidad, porque sí, soy feliz con él.

Pero, esta guerra que se avecina es grande y como familia debemos estar unidos, Aemond y yo cuidaremos este flaco de aquí, haremos lo posible para poder ayudar en esta guerra y que Rhaenyra sea vista como la única Reina de todo Poniente, sé que pido mucho para ser tú, pero hoy pido que nos des el beneficio de la duda.

Aemond me protege y cuando sea el momento volaremos a casa, para poder reunirnos con ustedes. Pero al menos por el momento debo permanecer aquí, al lado de mi esposo, mi lugar es con él.

Te pido que no mandes por mí.

Te pido que confíes en mí.

Espero poder reunirme contigo pronto; con toda la familia.

Te amo papá, con todo lo que soy, tu hija. Rhaena.

Daemon doblo la carta entre su traje, respiro hondo y miro por donde se ocultaba el sol, como padre tenía miedo de lo que pudiera pasar con su hija tan lejos de él y sin su protección, Rhaena tenía razón, él jamás podría confiar en Aemond, pero en ese momento aceptaría la decisión de su hija.

Camino a paso lento y miles de recuerdos de Rhaena de pequeña pasaron ante su mente, una leve sonrisa se mostró al recordarla con esa cara de ilusión siempre que lo veía, siempre tranquila y dócil, siempre tan tímida.

Llego hasta el gran salón en donde encontró a su esposa y a Daeron junto con Corlys haciendo que la conversación se detuviera.

Rhaenyra lo miro, Daemon conecto su mirada con ella y dio un leve asentamiento dejado claro que había una bandera blanca entre ellos.

Rhaenyra respiro tranquila y pudo quitar un peso de encima de ella.

-Me alegro que este aquí Daemon. – hablo Corlys que estaba serio no muy feliz por lo que antes se estaba discutiendo.

-Eso me sorprende. – respondió él con burla.

-Estas colmando mi paciencia Daemon. – avisó Corlys con un enojo muy notable.

DANZA DE DRAGONESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora