Jamás se dirá

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Dos días antes de la fiesta de Kitzia

Pov. Kitzia
Termino de cambiar a Darrell justo cuando escucho mi celular sonar, era Montse avisándome que estaba afuera de mi casa.

Abro el portón y bajo con mi bebé en brazos para recibir a nuestra visita.

Veo entrar a Montse con una cara de felicidad enorme.

M: Pero que hermosa imagen me recibe.
K: Hola Montse.

Montse se acerca a mí y nos saludamos de beso.

M: Hola cosita preciosa. Antes de cargarte iré a lavarme las manos.

Al regresar Montse lo toma con sumo cuidado entre sus brazos.

M: Yo soy tu tía Montse, tu tía favorita. Eres tan hermoso. Sacaste la guapeza de tu madre.

Darrell sonríe a los halagos de Montse.

Tomamos asiento en la sala. Montse pone entre sus piernas a Darrell y sosteniéndole la cabeza sigue hablándole. Darrell sonríe ante los halagos de Montse.

M: Ya veo que serás un coqueto como tú madre.

Pasamos un buen rato con el, después llegó su hora de comer y Montse me pidió dejarla darle su biberón.

K: Eres buena con los bebés.

Le digo a Montse, viendo como pone a eructar a Darrell sobre su hombro.

M: Me ha tocado cuidar a mis sobrinos y he tomado experiencia.

Al ver que Darrell se queda dormido, lo subimos a su habitación. Prendo el monitor y me llevo el tipo radio para escucharlo en caso de que se despierte.

Al bajar a la sala, le invito de beber a Montse.

M: Gracias por dejarme conocer a tu hermoso primogénito.
K: Desde luego que ibas a conocerlo. ¿A caso llegaste a pensar que no lo harías?
M: Bueno, siendo Miranda la otra madre, no creí que estuviera de acuerdo.
K: Hay algo de verdad en eso, pero al ser una persona tan especial para mí, desde luego que encontraría la manera de presentártelo.
M: Ay Kit. Tan linda como siempre.

Montse me abraza y yo correspondo.

K: Te ofrezco algo de comer.
M: No gracias, comí en el avión.
Te he traído un pastel, está en el refri. ¿Te parece si lo partimos? Es tu favorito, de chocolate amargo.
K: No te hubieras molestado Montse bastaba con tu presencia.

Vamos a la cocina y saco el pastel del refri, Montse le pone una vela y me canta las mañanitas.

Después de soplar la vela, Montse me pide morder el pastel mientras graba. Hago caso a la costumbre y siento mi rostro hundirse en este, Montse me había aventado.

Al despegar mi rostro Montse ríe y yo me acerco a ella para embarrarla con el pastel en mi cara.

Ambas nos limpiamos y servimos nuestras porciones.

Sentadas en la barra, en un momento Montse presiona uno de mis brazos y sonríe.

M: Había extrañado sentir tus brazotes.
K: Oh Montse, para, me harás sonrojar.

La mentiraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora