El eco del portazo aún vibraba en las paredes de la suite. Miranda, rígida, se despoja de su abrigo y lo deja caer sobre la silla con un gesto brusco. Camina hacia la ventana, tratando de contener la furia que le hervía bajo la piel.
M: ¿Qué demonios crees que haces, Kitzia? —su voz, helada, cortaba como cuchilla.
Kitzia avanza detrás de ella, los celos aún ardiendo en cada músculo.
K: Lo que debería hacer siempre que alguien se atreve a rondarte como si fueras un premio en disputa. Ese tipo no quitaba los ojos de ti, y tú... parecías disfrutarlo.
Miranda se gira con lentitud, su mirada azul convertida en fuego.
M: ¿Y acaso no me lo he ganado? —exclamó con dureza—. ¿Acaso no me merezco que alguien me recuerde lo que valgo, cuando tú Kitzia, no supiste hacerlo?
Las palabras caen como un puñal, y antes de que Kitzia pudiera responder, Miranda da un paso más, elevando el tono.
M: Sí, mírame bien. Kenneth, y muchos otros como él, estarían encantados de ocupar tu lugar. ¿Sabes por qué? Porque ellos no me humillaron con una amante. Ellos no me traicionaron con aquella conductora de quinta, tú maravillosa Montserrat.
El nombre salió de sus labios como veneno. El rostro de Kitzia palideció al instante.
K: Tú... —balbuceó—. Tú no tienes derecho a...
M: Claro que lo tengo—lo interrumpió Miranda, con un brillo de furia en los ojos—. Y créeme, Kitzia, te lo mereces. Te mereces ver que tengo un mundo de pretendientes listos a darme lo que tú jamás supiste valorar.
Kitzia retrocedió un paso, como si esas palabras la hubieran golpeado físicamente. El dolor se mezcló con el enojo, y entonces, con la voz rota, respondió:
K:¿Que yo no lo supe valorar? —rió con amargura, pero sus ojos se llenaron de lágrimas contenida- No me jodas, Miranda. Una sola vez, una maldita vez me equivoqué. ¡Una!
Su pecho subía y bajaba con la respiración acelerada. Dio un paso hacia Miranda, con el dolor convertido en rabia.
K: ¿Quieres hablar de traiciones? Hablemos de Andrea. Sí, Andrea. Mientras yo pasaba meses destrozada, recuperándome de mi lesión, tú te escabullías con ella. No una vez, Miranda. No una noche. ¡Meses enteros!
El nombre resonó en la habitación como un latigazo. Miranda se tensó, sus labios temblaron apenas, pero no contestó de inmediato.
M: No intentes sacar... —intentó, pero Kitzia no le dejó.
K: ¿Sabes lo que sentía? —continuó con voz quebrada—. No solo era el dolor físico de mi cuerpo roto, era la soledad, el silencio en esa cama mientras tú te entregabas a otra. Y ahora vienes a decirme que yo no sé valorar lo que tengo... cuando tú me hiciste trizas mucho antes.
Miranda cerró los ojos un instante, su respiración irregular. Cuando volvió a abrirlos, el hielo de su mirada estaba mezclado con un brillo de vulnerabilidad que rara vez mostraba.
M: Claro ahora te quieres poner el papel de víctima...te recuerdo que ese error lo cometí cuando aún no teníamos a nuestros hijos —dijo apenas audible, como si esa fuera su última defensa.
Kitzia la sostuvo con la mirada, los ojos encendidos de dolor y furia en partes iguales.
K: Pero ya éramos una familia, Miranda. Ya vivía contigo y las niñas, ellas ya me consideraban su familia. No solo me destrozó tu infidelidad, el decidir separarme de ti, también pensé en las niñas, en cuanto iban a sufrir. Ellas creyeron que fui yo la que falló, jamás me atreví a ponerlas en tu contra y tú... tu manipulabas la situación con ellas, y caí, caí en tus trampas varias veces, hasta que aquella tarde me pediste volver y acepté, acepté que me ayudaras a superar lo que tú me hiciste. Por eso, a pesar de todo, sigo aquí. Porque aunque me hayas roto... sigo amándote como a nadie más en este maldito mundo. Estoy aquí soportando tus heladas miradas, tus silencios, tus reproches. Porque aunque quieras negarlo, sigues siendo mía, Miranda. Y yo tuya.
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La mentira
Fanfiction-Acepte sus condiciones para poder estar con ella. Yo me enamoré de ella y ella de mi, o eso fue lo que me dijo. Ahora no sé si todo esto fue una ilusión creada como parte de un negocio o realmente Miranda Priestly ha arriesgado su reputación y pues...
