Pov. Omnisciente
Niguel la encontró en una terraza secundaria del hotel, lejos de cámaras y asistentes. Miranda sostenía un espresso intacto entre las manos, la mirada fija en el agua.
N: No dormiste —dijo él, sin rodeos.
Ella no lo negó.
M: No debí hacerlo —murmuró finalmente.
Niguel frunció el ceño.
N: ¿Besarla?
Miranda cerró los ojos un segundo.
M: No pude resistirme —admitió, con un hilo de voz que rara vez permitía—. Detesto eso. Detesto que siga teniendo ese poder sobre mí.
Giró el rostro hacia él, los ojos encendidos de rabia... y algo más peligroso.
M: Amo sus labios, Niguel. Los amo de una forma que me da asco reconocer. Y en el mismo instante en que los deseo, recuerdo a Montserrat. Recuerdo la traición. Y ese amor se convierte en furia.
Niguel guardó silencio unos segundos antes de hablar.
N: Entonces no es indiferencia lo que sientes. Es miedo.
Miranda soltó una risa breve, amarga.
M: Es humillación.
N: Es amor —corrigió él—. Y del que todavía no has sabido despedirte.
Ella negó con la cabeza.
M: No puedo volver a confiar.
K: No te estoy pidiendo que confíes hoy —dijo Niguel con calma—. Te pido que consideres darle otra oportunidad... por ti. Por lo que sientes. Por los años que fueron reales. Por la manera en que Kitzia te ha amado incluso cuando tú no sabías cómo devolverlo.
Miranda se quedó en silencio.
El viento movía apenas su cabello.
M: Pensaré en ello —dijo al fin.
Pero cuando regresó al hotel, su decisión fue otra:
no ceder.
La inseguridad seguía ganando.
Y el daño... seguía sangrando.
-
Pov. Kitzia
La tensión no disminuyó.
Al contrario: se volvió más precisa.
Miranda volvió más distante aún.
Si antes me ignoraba fuera del protocolo, ahora ni siquiera me miraba cuando entraba a una habitación. Sus respuestas eran correctas, educadas... y completamente vacías.
Yo sabía que lo había arruinado.
Lo sabía desde el momento en que mis labios tocaron los suyos y el mundo explotó alrededor. Pero había algo que empezaba a doler de otra manera.
Detestaba que me tratara como si yo fuera solo su peor error.
Detestaba que cada oportunidad que tenía para recordarme la infidelidad, la usara.
No pedía absolución.
Pedía humanidad.
Porque amar a alguien no debería sentirse como pagar una condena perpetua.
Yo seguía ahí, A su lado, Sosteniendo el golpe. Aceptando la distancia, Respetando órdenes.
Pero había noches —como esa, mirando Venecia desde la ventana— en que me preguntaba cuánto más podía soportar sin empezar a romperme.
ESTÁS LEYENDO
La mentira
Romance-Acepte sus condiciones para poder estar con ella. Yo me enamoré de ella y ella de mi, o eso fue lo que me dijo. Ahora no sé si todo esto fue una ilusión creada como parte de un negocio o realmente Miranda Priestly ha arriesgado su reputación y pues...
