Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
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«Tercer Grado» salió el 21 de febrero de 2020.
Pero creo que todos recordamos ese año y no por buenas razones.
Iba a ser el año de FAMA. Teníamos el disco del año: en una semana había vendido más que todos nuestros álbumes anteriores en total. Nuestras canciones sonaban todo el rato en la radio. Los videoclips acumulan millones de reproducciones. Gente de distintos países nos seguían: Argentina, Reino Unido, Alemania, Suecia, Chile, Estados Unidos, Australia... La demanda era imprensionante. Íbamos a viajar por toda Europa y América para la gira. Nuestro sueño al fin iba a cumplirse.
Entonces llegó el COVID y todo se fue a la mierda.
Lo que había empezado como una noticia en China, en pocas semanas se convirtió en una emergencia a nivel mundial. Creo que nadie se imaginaba que escalaría de la forma en la que lo hizo. Nosotros menos.
El 14 de marzo se proclamó el estado de alarma en España. Ese mismo día llamé a Denis para preguntarle si podía ir a Alicante y me respondió que si no lo hacía se mosquearía conmigo. Además, me pidió que trajera a Flavio si él quería. No me hizo falta ni preguntárselo: en cuanto le expliqué el plan preparó una maleta de mano para cada uno y nos fuimos en moto. Tardamos cuatro horas y apenas llevamos ropa y comida, pues se suponía que el confinamiento iba a durar dos semanas. Serían unas pequeñas vacaciones.
Alan hizo lo mismo en la granja de sus madres y Martín optó por quedarse en casa de su familia para cuidar de sus hermanos. Nos mantendríamos en contacto por videollamada y le prometimos a Nil que seguiríamos trabajando en las canciones que sacaríamos para una edición deluxe del álbum.
Volver a casa fue lo que esperaba y más, sobre todo después de un año tan intenso como el que habíamos vivido. El universo nos había dado el capricho de parar el tiempo y disfrutar de la calma que tanto extrañábamos.
Flavio pareció percatarse de que aquello era real una vez llegamos y comenzó a hacer vida con mi familia. Se disculpó mil veces por si molestaba, se ofreció a hacer todas las tareas de la casa y aseguró que podía dormir en el sofá si hacía falta. Cada vez que decía algo parecido, Tamara le daba un abrazo para callarlo. A Denis solo le faltaba lanzarle una mirada de advertencia para que mi novio dejara de pedir perdón por su presencia.
—Sabes que le pedí a mi hermano que te trajera, ¿no? —le comentó Denis la primera noche del confinamiento mientras cenábamos los cuatro—. Ahora eres parte de la familia, así que no te disculpes más. Siempre eres bienvenido aquí.
Flavio se tragó la molestia y le agradeció con una sonrisa tímida. A mí me latía el corazón más fuerte cada vez que veía a esos dos hablando y mostrándose afecto. Al fin y al cabo, eran los dos hombres de mi vida.
Tamara y yo sacamos un colchón antiguo que solía tener en mi primera cama hasta que se cambió y lo colocamos en mi habitación. No iba a dejar a Flavio dormir a nivel del suelo, así que le ofrecí mi cama y él se negó en rotundo. La discusión no duró más de diez minutos, ya que acabamos durmiendo en la misma cama de todas maneras.