Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
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Mi padre murió el verano de 2022, mientras yo estaba de gira, pero no me enteré hasta principios del 2023. Teniendo en cuenta el estado en el que estaba cuando lo visité en febrero del año anterior, había durado bastante. Annika, quien se había acordado de dónde me había visto antes y se puso en contacto conmigo por Instagram, me contó que había luchado hasta el final. Se lamentó que me hubiera ido así como así del hospital y expresó su interés en volver a verme y, de ser posible, conocer a Denis.
No supe qué pensar.
Hablé con mi hermano sobre nuestro padre en detalle. El recuerdo de la visita al hospital me seguía perturbando. También le hablé de Annika, la hermanastra que teníamos y cuya existencia habíamos ignorado durante años. Él opinaba que conocerla no le haría daño, pero no le hacía demasiada emoción. Yo estaba de acuerdo.
Después de que nuestros padres nos abandonaran, fue Denis quien tuvo que cargar con la responsabilidad de cuidar de mí. Esperó a cumplir dieciocho para salir del sistema de acogida, se puso a trabajar en todo lo que le salía y luchó para convertirse en mi tutor legal. Y, una vez lo consiguió, siguió esforzándose para darme una vida digna.
Nuestra familia, durante mucho tiempo, había consistido en nosotros dos y nadie más. Puede que tuviéramos una hermanastra perdida, pero no nos tocaba nada. ¿Qué nos aportaría establecer un vínculo con ella? ¿Era acaso posible? Quizá en el futuro nos apetecía conocerla, pero por el momento me mantendría lo más alejado posible.
Por ello, cuando Annika nos invitó al funeral, lo rechacé con el mayor tacto posible. Puede que sí que sintiera algo de pena por mi padre, pero por el simple hecho de que era una persona que había fallecido. Jamás sería capaz de sentir la devastadora tristeza que uno suele experimentar cuando un ser querido se va, ya que él no era querido. Al revés, lo había resentido la mayor parte de mi vida, y sabía que Denis lo seguía haciendo.
Mi familia, la que de verdad importaba, la tenía cerca.
No obstante, mis padres se convirtieron en un pensamiento recurrente durante aquellos meses. Los tenía en mente cuando veía a Denis y Tamara cuidar de Nuria o cuando planeaba detalles de la boda con Flavio. Él guardaba los mejores sitios del convite para sus padres, y yo me imaginaba haciendo lo mismo con los míos si las cosas hubieran sido diferentes. Era absurdo, pero no podía evitarlo.
Como resultado, compuse «La Balada Que Me Escribí», una canción que había dejado a medias en mi antigua libreta. La canción más personal, vulnerable y desgarradora que he escrito nunca. Empieza con el momento en el que mis padres me abandonaron y avanza a través de mis experiencias más importantes hasta llegar a la situación en la que estaba en ese momento. Era la historia de mi vida resumida en un tema. Y, al igual que mi vida, tenía algunas partes trágicas.
Se la canté a Flavio una noche en la que no podíamos dormir. Fuimos a la sala del piano, me senté frente al instrumento y le enseñé el tema. Flavio se quedó de pie a mi lado, callado hasta que toqué la última nota.