Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
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Febrero fue el mes en el que las cosas tomaron un rumbo distinto. La discográfica optó por anunciar que habíamos firmado con ellos, lo que nos llevó a grabar un vídeo de presentación que subieron a sus redes sociales. Tanto Marcela como Emilia estuvieron allí, acompañándonos en el proceso e intentando que nos acostumbrásemos a ser el foco de atención de las cámaras.
Era extraño. Lo de la cámara, me refiero. Al menos al principio. Nadie se había preocupado lo suficiente por mí antes como para hablar sobre mi vida personal, pero de repente todos estaban interesados en ella. Uno de los cámaras me pidió que contara alguna historia divertida de mi infancia para que los fans me conocieran y pudieran sentirse identificados.
—A menos que sus padres los hayan abandonado, no creo que se puedan sentir identificados conmigo —bromeé, pero nadie se rio.
De hecho, me comenzaron a recibir con expresiones de preocupación y miradas tristes. Incluso de parte de mis compañeros de banda, quienes creía que me conocían lo suficiente como para no mostrar su compasión de manera tan exagerada. Me mosqueó que me vieran como algo frágil, sobre todo que Flavio lo hiciera. Me mordí la lengua, me centré en hablar sobre mi relación con Denis y resolví no volver a mencionar a mis padres nunca más.
Los demás bordaron sus presentaciones. En especial Alan, quien había nacido para estar frente a la cámara. Martín estaba nervioso, pero combatió sus miedos y su timidez causó furor entre las fanáticas. Y hablando de furor... Flavio tampoco necesitó mucho para hacerse un hueco en las fantasías de los espectadores. Pero ya lo veía venir, así que fue más fácil lidiar con ello.
También fuimos conociendo a los empleados de Grant Producciones poco a poco. No a todos, porque eran cientos y a la mayoría nunca los veíamos, pero sí a los más importantes: los ingenieros de sonido del estudio, el equipo de marketing, los promotores y los de relaciones públicas, los distribuidores, el equipo de ventas y el financiero... La empresa era un sinfín de trabajadores que se esforzaban para que FAMA fuera la próxima sensación del momento.
Aunque claro, para alcanzar el éxito que nos habían prometido necesitábamos sacar música. Nos dedicamos a ello durante cinco meses seguidos: el disco debía estar listo para junio, cuando saldría el primer single. Eso sin contar que tendríamos que grabar videoclips, hacer sesiones de fotos, acudir a nuestras primeras entrevistas y promocionar el álbum en condiciones. Serían unos meses muy movidos, pero lo primero era lo primero: crear el disco de pop perfecto.
Emilia habló con el resto del equipo sobre el rumbo que debíamos tomar y nos pusimos de acuerdo para ir todos a una. Pelotazo se convirtió en nuestro principal colaborador y comenzó a enviarnos demos en las que trabajaba a diario. Los ritmos bailables y las melodías pegadizas se convirtieron en nuestro nuevo sello. Aitana me ayudó con las canciones y encontramos un punto medio.
La primera canción que grabamos fue «Gofres», un tema que los letristas me mostraron y que me gustó tanto que insistí en trabajar en él. Tanto la composición como el sonido que consiguió Pelotazo en él marcó el tono del resto del álbum. Habla sobre pasar una noche con la persona de la que estás enamorado, levantarte al día siguiente y preparar gofres para ambos; a fin de cuentas, sobre la tranquilidad que el amor puede traer a tu vida.