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El resto de la gira europea nos llevó a Múnich, Berna, Viena, Praga y Cracovia

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El resto de la gira europea nos llevó a Múnich, Berna, Viena, Praga y Cracovia. Distintos países, distinto público, mismo entusiasmo.

Pero entonces Nil nos llamó antes de terminar el tramo europeo. Daba igual que estuviéramos exhaustos de la gira, que nos consumiera el trabajo, que no pudiéramos mantener los ojos abiertos por más de un minuto seguido. El presidente quería un nuevo disco y debíamos dárselo.

Teníamos un parón de casi dos meses antes de ir a Asia y Australia, momento que Nil quería que aprovecháramos para dejar el disco listo. Después, al volver de esas paradas de la gira, sacaríamos el álbum en agosto y prepararíamos otro setlist con los temas nuevos para la parte del tour en América.

—Ya hace más de dos años que sacamos «Tercer Grado», ¿sabéis? —nos recordó Nil—. No podemos dejar que el público se olvide de vosotros. Es el momento perfecto para música nueva.

No entendí cómo se iban a olvidar de la banda si estábamos en mitad de una gira internacional, pero no pensaba rebatir.

Lo bueno es que las canciones ya estaban escritas. Teníamos cien temas que Flavio y yo habíamos compuesto durante la cuarentena entre los que elegir. Aquel sería nuestro cuarto disco, el tercero bajo contrato con Grant Producciones, y en mi mente solo significaba una cosa: una vez terminado, solo tendríamos que sacar un álbum más para librarnos de la discográfica de una vez por todas. Los seis años no acababan hasta 2024, pero una cláusula nos permitía terminar antes si habíamos cumplido con los demás requisitos y ambas partes estaban de acuerdo.

El disco se tituló «Maldición» porque habíamos llegado a la conclusión de que eso era la fama: una puta maldición. En mi mente se asemejaba al mito del rey Midas, en el que convierte en oro todo lo que toca. Puede que tenga riquezas al alcance de la mano (nunca mejor dicho), pero a su vez el poder lo convierte en un ser solitario que dista mucho de una persona normal.

Lo comenté con mis compañeros de banda uno de los primeros días desde la vuelta y les encantó la idea. Alan insistió en que debía ser el concepto principal del álbum y nadie se opuso.

El proceso de creación de «Maldición» fue intenso y pesado. Teníamos sesiones en el estudio que duraban desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, ya que de lo contrario no llegábamos a la fecha de entrega. Por suerte, en esta ocasión los productores vivían en Madrid y se adaptaban a nuestros horarios. También nos aprovechamos de la experiencia que había adquirido Martín, quien produjo varios temas del disco él solo. Alan, en un intento por reconectar con la banda, se sentaba a su lado y prestaba atención a sus movimientos como un niño en clase.

El éxito rotundo de «Tercer Grado» no nos persuadió para intentar conservar el sonido de ese disco: volvimos a cambiar de género musical. Esta vez nos apetecía probar con el R&B, el rap y el estilo old school. Así nació un álbum de catorce temas con melodías pegadizas, letras filosóficas pero sensuales y una producción atemporal que se sigue elogiando a día de hoy como nuestro trabajo más experimental y diferente.

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