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Descubrí la raíz de todos los problemas de Flavio una tarde de enero en la que salimos

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Descubrí la raíz de todos los problemas de Flavio una tarde de enero en la que salimos. Una borrasca llamada Filomena había llegado a principios de mes y había paralizado todo Madrid. La nieve nos cubrió como nunca antes lo había hecho, tanto que parecía que estábamos en el polo norte. Tuvimos que hacer malabares para llegar al sitio donde Flavio quería llevarme, pero lo conseguimos, aunque tardamos mucho más de lo esperado.

Estábamos delante de un pequeño teatro de barrio. El cartel en la fachada adelantaba la obra de aquel día: Peter Pan. Contemplé a mi novio, suspicaz, y él huyó de mi mirada.

—¿Vamos a ver un musical?

—Es la idea. ¿Te apetece? —Sonó más nervioso de lo habitual.

Me acerqué para darle un beso corto en los labios.

—Contigo me apetece todo siempre.

Me enseñó los dientes en una sonrisa aliviada y nos dimos la mano para entrar. Nos atendieron en un vestíbulo lleno de luces, pósteres y esculturas de personajes famosos. Podría haberme llevado horas y horas observando cada detalle de aquel lugar. A pesar de que la entrada se solía presentar en digital, Flavio sacó de su bolsillo las nuestras impresas. Lo conocía tan bien que sabía que aquellas entradas acabarían adornando un álbum de fotos o una pared de su futura casa.

Junto al vestíbulo había una pequeña cafetería donde podías tomar algo antes de la función. Por suerte tenían té matcha frío, así que me compré uno para acompañar a Flavio con su café. La obra empezaba a las cinco y abrieron las puertas media hora antes. Me llevé una sorpresa al encontrar nuestros asientos y darme cuenta de que estábamos en la primera fila, a un palmo del escenario.

—¿Cuánto te has gastado en estas entradas? —cuestioné, pero Flavio hizo como si no me escuchara.

—Cuando cumplí los ocho años, mi padre empezó a traerme al teatro. Daba igual la obra, cada finde comprábamos las entradas y nos plantábamos en la primera fila. Descubrí muchas historias con las que me empecé a obsesionar, sobre todo con el musical de Peter Pan.

—¿Me matarás si te digo que nunca he visto la película de Disney?

Flavio echó la cabeza hacia atrás, incrédulo.

—¿En serio? Bueno, tampoco me sorprende mucho. Las mejores películas las has visto conmigo porque te he obligado.

Tenía razón. Mi saga favorita era y sigue siendo El señor de los Anillos y la había descubierto gracias a él.

—¿Y qué hay de Peter Pan que te gustó tanto?

—No lo sé. A lo mejor la posibilidad de viajar a Nunca Jamás, no crecer y ser un niño para siempre. Tú sabes, pensamientos típicos de la infancia. En fin, venir tanto al teatro hizo que una cosa llevara a la otra y... terminase actuando en varios musicales.

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