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Noviembre se abrió paso como un tsunami que destroza todo a su alrededor

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Noviembre se abrió paso como un tsunami que destroza todo a su alrededor. La espera, los nervios y la incertidumbre fueron absorvidos por el paso de los días. Entre las actuaciones de cada finde y el contenido que subíamos en las redes sociales, llegamos al mes de lanzamiento del primer álbum de FAMA.

Los cuatro teníamos miedo, pero cada uno lo demostraba de manera distinta. Para empezar, Flavio directamente no lo mostraba. Era el tranquilizador: le quitaba hierro al asunto y nos aseguraba que lo que tenía que pasar pasaría. Alan trataba de hacer lo mismo, pero de vez en cuando se permitía dudar y compartía con los demás sus inquietudes, lo que demostraba lo cercanos que nos habíamos vuelto. Por otro lado, Martín tenía un ataque de pánico cada semana y lo pasaba bastante mal, pero ahí estábamos los demás para sosegarlo.

Y yo... estaba en un limbo extraño, la verdad. Soy un pesimista sin remedio, pero con esto era diferente: tenía ilusión. Ya habíamos llegado muy lejos y solo estábamos empezando, así que sabía que podíamos conseguirlo. No obstante, intentaba mantener los pies en la tierra y esperar cualquier resultado. Al fin y al cabo, el mundo de la música es tan impredecible como complicado.

Unos días antes del lanzamiento nos llegaron a casa dos cajas con las 100 copias del álbum que habíamos comprado. A petición de Claudia nos grabamos mientras las abríamos y veíamos la edición física del disco para subirlo luego a las redes como unboxing. La sensación de sostener nuestro álbum en las manos fue indescriptible. La portada se veía increíble en la edición de cartón, al igual que la contraportada, que consistía en una foto de los cuatro de hombros hacia arriba mirando al cielo. Claudia aprovechó la zona libre del paisaje para escribir los títulos de las diez canciones.

Los cuatro estábamos muy contentos con el resultado final. Me seguía fastidiando un poco que «Guay» estuviera en el álbum, pero debía aceptar que a los demás les gustaba. La versión final no estaba mal y, aunque habíamos tenido problemas con el productor cuando se dio cuenta de que usábamos la melodía de una canción conocida, cambiamos el tono, alteramos ligeramente el ritmo y conseguimos evitar algo peor.

Unos días antes del lanzamiento oficial recibimos un mensaje de Claudia. Nos pedía que pusiéramos la radio. Los cuatro estábamos presentes cuando escuchamos a un oyente decir que le gustaría escuchar «Pendientes Dorados» de FAMA. Era la primera vez que nos escuchábamos nuestra música en la radio y nos volvimos tan locos que los vecinos vinieron a nuestra puerta a amenazar con denunciarnos si no bajábamos el volumen. Nos estuvimos riendo de la situación el resto de la noche.

También empezamos a tocar algunos adelantos de los temas del disco en los bolos y acorde a la reacción de la audiencia averiguamos cuáles serían los favoritos. A mi pesar, «Guay» estaba entre los preferidos. Ni siquiera podía mosquearme, pues lo que estábamos construyendo era un sueño. Los locales se vieron obligados a repartir entradas antes de nuestros bolos, ya que se llenaban muy pronto y la mayoría de personas se quedaban fuera.

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