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En una de mis visitas mensuales a mis tíos los animé a irse de vacaciones unos días a la Costa Brava

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En una de mis visitas mensuales a mis tíos los animé a irse de vacaciones unos días a la Costa Brava. Les pagué todo, aunque insistieron en que se lo podían permitir. Me sentía generoso.

Lo siguiente fue comprarles una casa nueva a mi hermano y a mi cuñada. Estaba tan solo a un par de manzanas de donde habíamos vivido toda la vida, pero tenía más metros cuadrados, un jardín trasero y estaba a pie de playa. Denis se enfadó bastante cuando, de la nada, los llevé a la casa y les entregué la llave. Lo había organizado a escondidas de él y con Tamara como cómplice, pues sabía que no me iba a dejar gastarme tanto dinero en algo para él.

Me hacía feliz hacer regalos a la gente que quería. Nunca había tenido dinero para permitírmelo y, ahora que disponía de él, no iba a gastarlo en tonterías para mí mismo. Lo que me traía regocijo era mejorar la vida de mis seres queridos, ya que ellos se habían esforzado siempre en hacer lo mismo conmigo. Era mi turno de devolverles lo que merecían.

Además, mi hermano necesitaba una alegría. La adopción cada vez parecía más inviable y, sumado a la ansiedad que le provocaba el trabajo, no estaba en su mejor momento. Tamara me contaba que habían dejado de salir a correr todos los días porque Denis se cansaba muy rápido y experimentaba una fatiga extrema al levantarse. Me prometí que en cuanto volviera de la gira iría a pasar más tiempo en Alicante para cuidar de él.

A pesar de que mis horarios seguían siendo igual de estrictos que antes, estaba dispuesto a sacrificar algunas horas de sueño para escaparme al teatro cada noche que había función. La noche del estreno de Mamma Mia! en la que Flavio actuó por primera vez fue la más especial. Me senté en primera fila junto a Martín y Alan y contemplé durante dos horas y media al chico más guapo del mundo mostrar su talento sobre el escenario.

Flavio era el Sky perfecto: guapo, encantador, alegre y romántico. Encarnaba al prometido de Sophie, la protagonista, y la complementaba con su espíritu aventurero y leal. El momento estrella fue en el que interpretó la versión en español de «Lay All Your Love On Me» junto a la actriz de Sophie. Los aplausos que siguieron a la escena fueron tan ruidosos y las sonrisas en las caras del público tan evidentes que me sentí súper orgulloso de mi novio. Se había ganado a la audiencia y se le veía tranquilo y disfrutando del momento. Al terminar la obra me colé en los camerinos y le llevé un ramo de flores para celebrar su éxito.

Martín y Alan no volvieron a ver la obra, pero yo repetí todo el verano, hasta la última función de Flavio debido a los compromisos de la gira. Tal y como le dije que haría, cada noche me sentaba en una fila diferente y disfrutaba de su actuación. Jamás me cansé de escuchar los mismos diálogos o canciones. Si salían de su boca siempre eran interesantes, tanto como el primer día.

Y, a pesar de que el verano tuvo esos momentos bonitos, eran pocos comparados con la preocupación y la opresión del trabajo. Y, una vez llegó septiembre, todo empezó a ir cuesta abajo.

Era una noche de principios de mes en la que estaba intentando dormir, pero me habían dado las tantas de la madrugada componiendo. En cuanto cerré los ojos, oí un ruido lejano que provenía de la puerta principal. Sonaba como si un rinoceronte hubiera entrado en el piso y estuviera arrasando con todo lo que se encontraba a su paso. Salí al salón y no encontré ningún rinoceronte, pero sí a un animal: Alan.

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