Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
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Tu vida puede cambiar mucho en 24 horas.
El catorce de julio de 2023 me desperté temprano. Teníamos concierto en Madrid por la noche, el primero de la mini gira por España, así que quizá mi cuerpo quería prepararme para estar activo desde por la mañana.
Desayuné a solas en la mesita de la cocina con vistas al jardín. Me había hecho un té matcha para espabilarme, luego preparé huevos revueltos con beicon y zumo de naranja para dos. Devoré mi plato y dejé el de Flavio tapado para cuando se despertara.
Últimamente había retomado un hábito que tenía con Alan cuando vivíamos juntos: salir a correr. Ahora que tenía tiempo libre lo hacía por la mañana, ya que era el momento del día en el que más activo estaba. Vivir en una urbanización privada tenía sus ventajas: no tenía que salir de los límites si no quería. Disponía de suficiente zona verde para hacer ejercicio sin arriesgarme a salir a la calle y que alguien me reconociera. No me apetecía que me vieran lleno de sudor, sin aire y rojo como un tomate.
El resto de la mañana fue bastante normal. Al llegar me encontré con mi marido desayunando en el salón. Se apresuró a terminar con el plato cuando vio que me iba directo a la ducha y se unió. Luego nos dedicamos a repasar los pasos de baile para el concierto que llevábamos practicando las últimas semanas. También aproveché para hacer una videollamada con Denis, quien me aseguró que, aunque seguía bastante cansado, se encontraba mejor.
Flavio tuvo otra llamada, pero muy distinta a la mía. Respondió con el ceño fruncido y se fue a otra estancia para charlar en privado, no sin antes murmurar Mamma Mia! para que supiera de qué se trataba.
Al volver tenía una expresión extraña. No supe descifrarla, y eso que ya conocía a Flavio demasiado bien.
—¿Todo bien? —pregunté, preocupado.
—Eran los de la productora de Mamma Mia!, querían hablar conmigo. —Se sentó a mi lado en el sofá y parpadeó varias veces, como si le costara procesar la información—. Van a estrenar un nuevo musical en septiembre y... quieren contar conmigo.
Me lancé a sus brazos antes de que terminara la frase.
—¡Eso es genial! ¿Qué musical es?
—El fantasma de la ópera. Quieren que haga de Erik, el Fantasma.
Me lo imaginé con la icónica máscara del personaje y pegué un grito.
—Vas a hacerlo genial, cariño. Estoy muy orgulloso de ti.
—Pero... ¿debería aceptar? —Vi cómo la duda se instalaba en sus preciosos ojos oscuros—. El papel es muy exigente y va a ser un reto enorme. Para este tipo de musicales suelen hacer castings muy selectivos: buscan actores con formación en canto lírico e interpretación.
—¡Eso dice mucho del hecho de que te hayan escogido! —señalé, emocionado—. Confían en que serás capaz de dar lo mejor de ti. Si ellos, que son profesionales en esto, confían en ti ¿por qué no lo haces tú tambien?