Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Llevamos el tour a Indonesia, Singapur y Japón, con la excepción de China, donde tenían una política de cero COVID que no nos permitió tocar allí. También surgieron algunos problemas con los países que sí visitamos, pero al final se pudieron solucionar.
En julio dimos dos conciertos en Sídney, que resultaron de los más especiales porque coincidieron con la salida del primer single del próximo álbum, «Perdido», y pudimos tocarlo en directo por primera vez y estrenar el videoclip en el auditorio. Nil se quedó agusto con la recepción del tema que, aunque no se convirtió en un éxito instantáneo, fue progresando poco a poco y escalando puestos en las listas principales gracias al boom de la gira.
El jet lag en pleno verano no lo recomiendo. En verano con respecto a España, claro, pues en Sídney era invierno y teníamos que ir a todos lados con una chaqueta. Al llegar a casa después de la paliza de varias horas entre vuelos y escalas, nos azotaron unos cuarenta grados tan desagradables que pillé un resfriado de inmediato.
Pero no tuve tiempo para resguardarme en la cama. Llegó agosto y, en lugar de ser el mes de nuestro supuesto descanso, se vio eclipsado por la publicación de nuestro cuarto álbum, «Maldición». Por si fuera poco, nos llenaron esas semanas de entrevistas, visitas a programas, actuaciones televisadas y quedadas sorpresa.
La histeria alrededor de la banda era cada vez mayor, o al menos esa era la sensación que nos daba. Me alegré de la decisión de conservar a nuestros guardaespaldas, ya que sin ellos habría sido imposible movernos por Madrid. A donde quiera que fuéramos había varios grupos de gente esperándonos, entre ellos fans, paparazzi y algunos que no sabían quiénes éramos, pero que querían una foto de todas formas.
Flavio había adoptado la costumbre de darme la mano y no soltarla hasta que llegáramos a nuestro destino, fuera cual fuese. José y Antón, nuestros guardaespaldas, se hicieron íntimos amigos debido a que siempre estábamos juntos. Y a mí me encantaba porque, además de reforzar nuestra relación a ojos del público, me hacía sentir seguro.
Puede que en Madrid hiciera un calor asfixiante, como el de todos los veranos, pero nos las arreglamos para cumplir con todas nuestras obligaciones incluidas en la promoción del disco. Tampoco nos libramos de volver a subir a un escenario. Nil aprovechó que no volvíamos al tour hasta septiembre para que nos presentáramos en un festival en el que tocamos para más de cincuenta mil personas.
No parábamos, pero en eso se había convertido nuestra vida. Lo teníamos que dar todo para seguir estando en la cima. No podíamos arriesgarnos a perderlo, no tras pasar de no tener nada a tenerlo todo.
Entonces llegaron los primeros número de «Maldición». Y, aunque habíamos vendido miles y miles de discos, no superamos las cifras descomunales de «Tercer Grado». Si digo la verdad, no habíamos creado el álbum para tener más éxito en comparación con el anterior, de forma que no me afectó. Era evidente que, después de un proyecto tan grande, al siguiente no le fuera tan bien.