45

167 29 19
                                        

La vida después de la gira existía

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La vida después de la gira existía. Las navidades de 2022 fueron perfectas, a pesar de los problemas con la discográfica. Volvimos con nuestras familias y recuperamos el tiempo libre que tanto habíamos echado en falta. Retomé el hábito de vivir entre Madrid y Alicante, pero lo hacía con gusto por tal de estar con Denis.

Mi hermano llevaba bastante bien el tema de la enfermedad. Tenía sus días malos, por supuesto, pero se había animado al darse cuenta de que podía volver a la rutina y al trabajo sin demasiadas complicaciones. Su ánimo mejoró todavía más cuando regresé del tour y pude quedarme varios días allí para hacerle compañía.

Y las buenas noticias no dejaron de venir: el proceso de adopción por fin había llegado a buen puerto. Denis y Tamara, que ya habían pasado por las entrevistas y formaciones pertinentes, llevaban bastante tiempo en la lista de espera de la Comunidad Valenciana. Justo ese diciembre, como un regalo de Navidad, los servicios de protección les comunicaron que había una niña esperando para ser adoptada que encajaba con ellos.

En estos casos, la familia puede aceptar o rechazar la propuesta. Denis y Tamara tenían tantas ganas de ser padres que aceptaron en cuanto leyeron el informe de la pequeña. A partir de ahí tuvieron los primeros encuentros supervisados con la niña. Yo seguía el proceso con muchísima ilusión, sabiendo que pronto me convertiría en tío.

Mientras esperaba al gran día en el que podría conocerla, me dediqué a disfrutar del tiempo libre. Aunque seguíamos sin estar en buenos términos con Nil, el presidente de Grant Producciones nos concendió unas semanas de desconexión que, bajo mi punto de vista, merecíamos desde hace bastante. Así que no me quejé y aproveché el tiempo al máximo.

No perdí la motivación para componer, pero tampoco lo hacía todos los días. Como ya no tenía la presión de trabajar para nadie, las letras que se me ocurrían nacían por una simple necesidad de expresar lo que estaba viviendo. Claro que, como mi vida se había vuelto más calmada y alegre, la música fue tomando el mismo rumbo poco a poco.

Flavio me ayudaba a veces, pero por lo general evitábamos hablar de trabajo. Preferíamos disfrutar del tiempo juntos en nuestro hogar y, cuando era posible, fuera.

Sin embargo, cuando llegó enero y pasamos más tiempo encerrados en casa, Flavio empezó a estar raro, cosa que se alargó durante dos semanas. No es que hiciera nada demasiado fuera de lo normal, pero a veces lo notaba ausente. O incluso peor: veíamos una película y tenía que rebobinar unos segundos porque no había estado prestando atención al diálogo. Eso sí que me demostró que mi novio tenía la cabeza en otro lado, más que nunca.

Jamás podría haberme imaginado la razón por la que se comportaba así, pero estaba a punto de averiguarlo.

Hicimos un viaje exprés a Alicante para conocer a mi sobrina. Se llamaba Nuria y tenía tres años. Me pareció poético que mi hermano la hubiera adoptado con esa edad, la misma que yo tenía cuando nuestros padres nos abandonaron.

FAMADonde viven las historias. Descúbrelo ahora