Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Que mi hermano hubiera venido sin avisar no me molestaba ni mucho menos, pero me pilló por sorpresa. Nos abrazamos con fuerza, como si lleváramos años sin vernos. Conociéndole, puede que lo pensara.
—Mírate, estás guapísimo —me dijo en alemán mientras me acariciaba el hombro con afecto—. Ibas en serio con lo de dejarte el pelo largo, ¿eh?
Asentí. Teníamos el mismo color cobrizo, aunque con el tiempo a él se le había oscurecido un poco. De repente, le vi más mayor que nunca. Como si el tiempo hubiera pasado más rápido para él y más lento para mí. O como si me hubiera acostumbrado tan rápido a Madrid que mi vida anterior resultara lejana; mi hermano pertenecía a ella.
—En esta casa hablamos español, así que ya podéis dejaros de alemán —bromeó mi tía.
Ella había nacido aquí, al contrario que mi padre, que se crió en Kiel con mis abuelos. A pesar de que le enseñaron alemán en casa, perdió la práctica cuando sus padres murieron y se casó con mi tío. Mi padre tenía muy presente su cultura y nos enseñó el idioma antes de irse, pero mi tía no había vuelto a pronunciar ni una palabra en alemán. Supongo que lo relacionaba con sus padres y su hermano y le resultaba doloroso.
—Sin problema —respondió Denis en español con ese acento cerrado que me hacía tanta gracia.
—¿Qué tal el viaje? Podrías haberme avisado de que venías —comenté sin reproche ninguno.
—¡Quería darte una sorpresa! Y el viaje bien, estaba entretenido leyendo un libro.
—¿Hasta cuándo te quedas?
—Oh, solo un par de días. Me tenéis que hacer un tour exprés por la ciudad.
—¡Vaya cara tienes! Yo ya te la he enseñado cuando has venido de visita —se quejó mi tía de brazos cruzados.
—Sí, pero Ander nos podrá enseñar sitios más modernos.
Reí un poco.
—Esta noche tengo que trabajar, pero... mañana podemos salir a cenar, ¿no? —propuse, a lo que mi hermano asintió.
—¡Claro! Oh, y me encantaría conocer a tus nuevos amigos. ¡Os sigo en Instagram y veo todas vuestras publicaciones!
Se le escuchaba entusiasmado y no supe cómo agradecérselo. Había sacrificado mi tiempo con mi hermano por seguir un sueño casi imposible; encima era él quien había venido de visita. ¿Pensaría de mí que estaba siendo un egoísta? ¿Que me había olvidado fácilmente de él?
Me prometí que no lo abandonaría mientras estuviera allí. Cancelé los ensayos con la banda menos uno, el del sábado, y ese día lo llevé a casa de Flavio. Sus padres estuvieron encantados de recibirle y se pasaron hablando toda la mañana.
—Tío, tu hermano es muy diferente a ti —dijo Alan cuando bajamos al garaje a ensayar.