Las audiciones para el reconocido programa musical «Haciendo a un artista» han comenzado y Ander va a por todas. Puede que no sepa cantar, pero la composición y los instrumentos son su fuerte. Peores artistas han concursado e incluso ganado, ¿verdad...
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Denis casi se lio a tortas conmigo virtualmente cuando al fin pudo leer una copia de mi contrato. Me arrepentí al segundo de haberle mandado el documento por correo electrónico.
—¿Qué cojones, Ander? ¿Firmas un contrato discográfico y no se te ocurre acudir a tu hermano abogado?
—Ya te lo he dicho, era confidencial y teníamos que tomar una decisión ese mismo día.
—Para empezar, eso está totalmente fuera de lugar y no es nada ético. Tenéis derecho a entender los términos del contrato, y por consiguiente a consultarlo con el asesor que elijáis. ¡Y encima me dices que ni siquiera había un abogado presente allí para resolveros las dudas! Esto no me da buena espina.
Odiaba cuando mi hermano actuaba como un padre porque se le daba genial. Pobre de mi futuro sobrino o sobrina.
—Dime que al menos sabes lo que has firmado, por favor.
Mi silencio habló por sí solo. Denis se llevó los dedos a los lagrimales y suspiró profundo. Pocas veces lo había visto tan agitado.
—Genial. Muy bien hecho, Ander. Ahora estás atrapado en un contrato de seis años del que no tienes ni puta idea. ¿Qué es lo siguiente? ¿Empezarás a hacerle trabajitos al jefe para que os lleven a los premios y ganéis más reconocimiento?
Lo que insinuó con aquella palabra y el tono que usó me sentaron como una hostia con la mano abierta.
—¿Hablas en serio? ¿Cómo te atreves a sugerir que sería capaz de hacer eso? ¿No conoces a tu propio hermano o qué?
—Pues no lo sé. Sí, te conozco, pero esto de la banda te está cambiando y no me gusta. No me gusta ni un pelo.
Toda la ilusión que tenía se fue por el desagüe por culpa de esa conversación.
—Sí, puede que esté cambiando, pero ¿se te ha ocurrido pensar que estoy mejor? Por fin tengo amigos con los que comparto mi pasión más grande: la música. ¡Y nos acaba de fichar la discográfica más grande del país! ¿Por qué no puedes alegrarte por mí por una vez?
Sé que fui injusto. Denis me había apoyado desde el principio. Si él hubiera decidido que tenía que volver a Alicante no tendría banda ni un contrato discográfico en las manos. Pese a ello, estaba enfadado. No me gustaba la idea de que nos la habían jugado delante de nuestras narices.
—Me alegro muchísimo, Ander, pero esta no es la manera correcta de hacer las cosas y lo sabes. Ya no podemos hacer nada, el contrato está firmado. Pero, por favor, avísame la próxima vez. Quiero que cuentes conmigo, nada más.
—Lo haré —farfullé, aún mosqueado y cruzándome de brazos. Hasta eso se me había pegado de Flavio—. Y no vuelvas a decir esas cosas sobre mí, ¿vale? No hacen ni puta gracia.
—Vale, joder, vale. No lo haré. Perdón. Me has pillado en un mal momento. —Lo vi suspirar y revolverse el pelo—. Si los de la discográfica os tratan mal o ves algo que no te cuadre, vienes a mí. A la mínima. ¿De acuerdo?