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Para: carloseditor@editorialmorado

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Para: carloseditor@editorialmorado.com

De: anderr_hansenn705@gmail.com

Asunto: Nota sobre las correcciones y documento

Estimado Carlos:

Gracias por mandarme las correcciones del manuscrito tan rápido. ¡Estoy muy emocionado!

Nota importante: voy a eliminar todas las referencias sexuales. No es... algo que quiera que se vuelva público. Cuando escribí el libro las incluí para no dejarme ni un solo detalle fuera y contar nuestra historia tal y como es, con pelos y señales. No obstante, prefiero que queden en la intimidad. ¡Y NI SE TE OCURRA DEJAR LO DE LA CASI ORGÍA, O TE MATO!

En fin, al lío: como te dije en la última reunión, Flavio me ha insistido mucho en que te mande el documento que dejo adjunto. Es una especie de cuento o qué sé yo. Me ha pedido que no lo lea hasta que se publique el libro. Entre nosotros: si hay algo que sabes que no me gustaría ver en papel, bórralo. ¡Gracias!

Un saludo,

Ander

El niño perdido que volvió a casa

Flavio Caballero

Había una vez un niño que se perdió. Este niño ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia, pero el más famoso es Peter Pan. Esta es su historia.

Peter era querido por su familia y sus amigos. Vivía en Nunca Jamás, un sitio de ensueño, donde cada noche salía a la noche abierta y bailaba y cantaba para las estrellas, quienes brillaban más fuerte cuando lo veían.

Sin embargo, todo llega a su fin. Una noche, Peter salió y comenzó su función de cada día, pero ninguna estrella apareció. En su lugar, la oscuridad le dio la bienvenida. Una oscuridad que, a partir de ese momento, lo perseguiría a todos lados, convirtiéndose en su sombra.

El niño se dio cuenta de que, sin estrellas que brillaran por él y con una marca de su fracaso a la espalda, su misión (impresionar a otros) había perdido sentido. Así que lloró, lloró mucho, y escapó de Nunca Jamás, prometiendo nunca volver. Solo se llevó consigo a su hermana Campanilla, un hada que le iluminaba el camino y lo ayudaba a no perderse.

Peter vagó por los cielos oscuros sin rumbo alguno. Excluyendo a Campanilla, se había separado de su familia y sus amigos, a los que tanto quería, pero sin estrellas no era él mismo y sentía que les estaba mintiendo a la cara. Así que prefería esconderse que fingir. Campanilla era la única que entendía este sentimiento y lo consolaba para que no llorara, pero él lo hacía cuando no miraba.

Los años pasaron para todos menos para Peter, cuyo mundo interior se había detenido aquella fatídica noche en Nunca Jamás. Su sombra, la que no se despegaba de él por mucho que lo intentara, le susurraba cosas malas y las convertía en pensamientos oscuros que se colaban en su cabeza: Peter no era suficiente, Peter era un perdedor, Peter ya no era Peter y nunca lo volvería a ser.

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