Un nuevo capítulo de una historia con una protagonistra diferente. . .
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Comenzaré con algo completamente real y sincero, una frase que el humano repite comúnmente, aunque todo tiene un trasfondo diferente: el significado sigue siendo el mismo.
"La vida es difícil, injusta y cruda".
La necesidad del ser humano de compadecerse de sí mismo hizo que esta frase se pronunciara ante el más mínimo mal que alguien pudiera pasar. Pero la realidad es que hay cosas buenas dentro de las malas y que no todo es culpa de la vida o del destino. A menudo, nuestras propias decisiones nos llevan a sufrir consecuencias, buenas o malas; son nuestras propias cosechas.
Mi vida no era mala o injusta; solía creer que todo tenía su porqué y que, paradójicamente, todo se nos sería devuelto. Así que afrontaba la vida con una gran intensidad. Me sentía feliz por estar viva y por comprender que todos tenemos una conexión con la naturaleza, de donde provenimos. Pero, algunos más que otros.
Seré un poco más directa y me jactaré de mi decisión. La que me llevó a sufrir consecuencias tanto malas como buenas, porque al final, hice lo más lindo que se puede hacer cuando vives: amar a alguien con tanta intensidad que incomodaba.
Elegí enamorarme de un chico injusto, uno muy diferente a mí.
Lo hice sin saber que esa decisión me llevaría por una vida que no era la que estaba escrita para mí. Pero vaya donde él vaya, iré. Ese es mi tipo de amor, el de la lealtad más pura y loca.
Soy una desconocida para quien lea esto. No conocen mi voz, mi nombre o mi historia. Ahora mismo soy una intrusa que se coló en una historia de amor para contar mi propia historia de amor.
Por ahora, comenzaré donde me encuentro. No iré al pasado o al futuro. Estoy en el presente. Así que, aún no serán afortunados de presenciar cómo nos enamoramos.
Esta es solo una parte de nuestra historia.
—Iridessa —su voz es suave, intenta sacarme de mi sueño pesado. Acaricia mi mentón y espera que abra los ojos—, en poco tiempo llegaremos.
Abro los ojos y ahí está su rostro. Tiene la mirada grisácea, pero amable. Levanta la comisura de sus labios y me sonríe como si hiciera tiempo que no viera mis ojos abiertos.