PENA

31 5 0
                                        

AMANDA POV - PARTE 2


Con un profundo suspiro, me separo de su abrazo tan pronto como la calma finalmente me alcanza.

La amo. Sin duda, la amo con todo mi ser.

Pero estoy tan dolida, asustada e insegura.

Sé que debe haber estado ocupada en Los Ángeles. Pero eso no justifica su frialdad.

Aunque su desaparición es en cierto modo tolerable y comprensible, su frialdad es sin duda cuestionable.

Incluso antes de irse, había empezado a actuar de forma extraña. Cualquiera podría pensar que eran los recuerdos de la prisión los que la estaban volviendo así. Pero mi intuición me decía que no era eso.

Y aunque no tenía ni idea de cuáles eran las verdaderas razones, no la cuestioné. Respeté su silencio e ignoré el caos que se formaba a mi alrededor.

Y me caí.


No soy capaz de mirarla a los ojos ahora mismo. Tengo miedo de lo que pueda encontrar allí.

Me siento en la cama de espaldas a ella, y antes de poder levantarme, siento su brazo alrededor de mi cintura impidiendome.

- Amor... - Intenta decir algo, pero agarro su brazo sacándolo cuidadosamente de mí.

- Necesito ir al baño - Digo antes de levantarme.

Voy al baño y me tomo mi tiempo.

Estoy en un gran conflicto, una lucha interna entre la razón y el corazón.

Quiero correr de vuelta a la cama y no separarme de sus brazos hasta que se me pase la opresión en el pecho. Pero también quiero huir lejos, donde no tenga que lidiar con las incertidumbres que me atormentan en este momento.

Imaginé su regreso a Brasil de varias maneras, pero ninguna como esta.


Cuando salgo del baño, Lizzie sigue acostada en la cama esperándome, mirando al techo, pensativa.

En lugar de acercarme, salgo de la habitación y voy directo a la cocina a preparar nuestro café.

No tengo nada de hambre. Pero tenemos mucho de qué hablar.


No han pasado ni cinco minutos. Ni siquiera he terminado de preparar el café cuando Lizzie entra en la cocina con un suspiro cansado y se sienta.

Las preguntas que quiero hacerle están en la punta de la lengua, esperando la más mínima oportunidad para salir a torrentes.

Pero ella permanece en silencio, con la calma de quien lo tiene todo bajo control.

Pero, lamentablemente, no lo tiene.


Nos sirvo y me siento.

El tiempo pasa lentamente mientras ella come, igual de lento.

No me servi más que una taza de café. La cual ya está casi fría sobre la mesa y casi intacta.

Ella suelta los cubiertos, se limpia la boca con la servilleta y me mira.

La misma mirada que me dirigió innumerables veces desde que se sentó a la mesa. Y que estoy totalmente sin energía para tratar de descifrar.

Con el tenedor, ella pincha una pieza de fruta y la acerca a mi boca.

La miro sin expresión.

- Come un poco- Dice con cariño y calma. Y antes de que pueda decir nada, continúa - Sé que tienes preguntas, y yo también tengo mucho que decir. Pero necesitas comer algo, Cariño... al menos un poco.

LA EXTRANJERADonde viven las historias. Descúbrelo ahora