UPS

28 7 0
                                        

ELIZABETH POV - PARTE 4


¿Cómo debería sentirme en este preciso momento? aliviada?! victoriosa?! enojada?...

Todo lo que siento es frustración y decepción.

Decepción por cada segundo de mi vida desperdiciado con esta mujer, y frustración por tenerla frente a mí tan vulnerable y miserable como tanto había deseado, y no estar satisfecha con lo que veo.

No tiene heridas visibles, pero su rostro rojo y sus venas prominentes sugieren que ha estado ahí por un tiempo.

Alison está paralizada ante mí. Al parecer todo esto es demasiado para ella. Pero esa es la última de mis preocupaciones.

Me desvío, pasando por ella y me acerco a la Sra. Smith, quien deja de tejer y guarda todo en su bolso tan pronto como me acerco.

- Ella no fue tocada más de lo necesario. ¡Es toda tuya! - Mira hacia un rincón del cobertizo y señala con la cabeza una mesa con algunas cosas encima. Y luego, finalmente, su atención está en mí. - Traje algunos juguetes, por si te interesa.

Miro de nuevo a Sara. Sus ojos rojos suplicando ayuda.

Sé que el recuerdo de este rostro me perseguirá por el resto de mi vida, pero no tengo ningún deseo de salvarla de su destino.

Me acerco a ella y me agacho, poniendo una de mis rodillas en el suelo.

Ojos fijos en sus ojos, están aterrorizados y llenos de lágrimas.

Es sorprendente cómo una imagen como ésta no me afecta.

¿Dónde está mi empatía?

¿Soy una psicópata después de todo? ¿O es un caso aislado?

- Bájala. - Le digo a Smith sin dejar de mirar el rostro de Sara. - Y desátala. - Me levanto y me doy la vuelta, dirigiéndome hacia los artículos que Smith sugirió.

- ¡¿Qué?! - Finalmente Allie parece salir de su trance y escucho sus pasos acercándose a mí. - ¿Te has vuelto loca?

Miro por encima de la mesa. Diversas herramientas quirúrgicas, de cocina, mecánicas e incluso de jardinería. Algunas ni siquiera podría imaginar la forma en que podrían ser utilizadas.

- No somos cobardes, Allie. - Digo y miro a Smith y la veo soltar el nudo de la cuerda, haciendo caer a Sara, todavía amordazada, con las manos y los pies atados.

- ¡No, no, no! Si que somos cobardes, mira que bonito. -Dice, cogiendo un objeto.

Ojo de reojo para ver lo que está mostrando, pero ignoro tan pronto como distingo la herramienta. Un bisturí.

Me acerco a Sara.

Smith está a punto de agacharse para cortar las cuerdas, pero estiro la mano para que ella me dé el cuchillo y yo misma corte las cuerdas.

Ella me lo entrega y se aleja, agarrando su silla por el respaldo y arrastrándola a unos pocos metros de distancia para todavía tener buena visión, pero sin estorbar.

Toda mi atención ahora está en Sara.

Primero corto las cuerdas que sujetan sus piernas y su expresión de desesperación cambia instantáneamente a una de alivio.

Entre lágrimas, y probablemente risas, ella extiende sus manos hacia mí.

Me acerco y mirándola a los ojos, corto las cuerdas.

Ella, con un poco de dificultad, se quita la mordaza y escupe un paño que tenía dentro de la boca y empieza a agradecerme, como si yo fuera realmente a dejarla salir de aquí.

LA EXTRANJERADonde viven las historias. Descúbrelo ahora