Jungkook recuerda la última vez que su corazón se agitó con tal fuerza que parecía iba a escapar de su cuerpo, y no precisamente frente a un evento positivo. No era una agitación de las que le dejaba una risa de Taehyung o los saltos de Yeontan al llegar a casa, era... de aquellas que, con el pasar de los segundos, le hacían ver luces y terminaban por nublar su visión. De aquellas que no le permitían respirar. Y era justo una de esas que le estaban afligiendo ahora, a solas en su departamento, después de dejar ir a Taehyung.
No habían pasado más de unos minutos de conversar con Yoongi, cuando al regresar vio a Taehyung siendo intervenido por quienes fueron alguna vez grandes amigas de Younghoon.
Younghoon, ese nombre que tanto amaba y ahora, por primera vez, le estaba persiguiendo como algo oscuro.
Y le dolía, le dolía muchísimo, porque para él nunca había sido eso.
Se cubría la boca para no hacer ruido, como si alguien más en ese departamento fuese a oírle. Se sentía avergonzado. Las palabras «sombra» y «copia» le perseguían, junto a la voz de Sohwha y su vergüenza por su propia incapacidad de defender a Taehyung, con el temor de ser abandonado.
—Jungkook, calma... calma, respira —le decía su psicóloga, quien había recibido su llamada esa misma noche y solo oía su respiración agitada y llorosa. Le pidió por favor no llamar a Yoongi, y se dejó ir en lágrimas con ella porque no lo conocía. Y solo un desconocido no iba a juzgarlo—. Estoy contigo, no estás solo.
Entre sollozos se disculpó por llamarla a esa hora y le contó lo sucedido. Lo impotente que se había sentido y cómo el miedo le había atravesado el pecho. Miedo. ¿Por qué sentía tanto miedo? Estaba aterrorizado. ¿Realmente estaba mintiéndole a Taehyung al no contarle sobre su pasado? ¿Realmente era un pecado? Él no quería atormentarse más ni torturar a nadie con su mente, con su dolor, por el que luchaba por enterrar de una buena vez por todas. Para él no era mentir, era proteger lo que quedaba en pie.
—No soy una mala persona —sollozó al teléfono, cubriéndose la cara con una mano, con el cuerpo tembloroso recostado contra la puerta del baño—. ¿Por qué tengo que revivir esto otra vez? ¿Cuándo voy a dejar esto atrás? No... no soy un mentiroso. No soy un mentiroso.
La doctora, al otro lado de la línea, sentía su dolor. Tomó aire para responderle.
—Jungkook, escúchame... no estás mintiendo por no contar algo que te aflige. —Le aseguró—. Guardar un pedazo de tu vida no es engañar. Todas las personas tenemos capítulos de nuestras vidas que no son abiertas hasta que nos sentimos listos, y estamos en todo el derecho. Tú estás en tu derecho. Lo que viviste sigue siendo tuyo y no tienes que revivirlo provocándote dolor solo para demostrar algo.
Escuchó en silencio y permitió que esas palabras naveguen por su mente hasta golpear cada rincón de ella. Hasta que su corazón no se sintiese culpable, aunque sea por un momento. Cerró los ojos y se permitió pensar en que... sí podía elegir. Que no estaba obligado a desnudar cada herida, a presionar cada cicatriz, y aquello fue como ser cubierto con una manta tibia en pleno invierno. No lo sanaba, pero lo curaba, al menos esa noche.
A solas, se permitió llorar, en el suelo frío del baño y la luz blanca que era lo único que iluminaba ese espacio. Las baldosas le recordaban que seguía ahí, que esta vez era consciente y que no iba a desvanecerse. Ya no jadeaba y, aunque el nudo seguía ahí en su pecho, ya no apretaba con tanta fuerza.
No tenía que contar todo para existir. No tenía que abrir todas las puertas para sentirse digno de ser querido; de poder quedarse.
Pero él abriría esas puertas pronto, lo sabía, porque alguien tenía la llave, solo que aún le faltaba revisar sus bolsillos. Le prometió a esa persona, en silencio, que llegaría ese momento. Que le abriría su pecho y le mostraría sus heridas, esperando no volver a sangrar, porque bastante lo había hecho ya.
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All of my Life
FanfictionJeon Jungkook perdió a su novio en un fatal accidente automovilístico y no ha vuelto a encontrar el amor desde entonces, hasta que conoció a Kim Taehyung una noche de fin de año bajo la lluvia de Seúl cinco años después. El increíble parecido de Tae...
