Jeon Jungkook perdió a su novio en un fatal accidente automovilístico y no ha vuelto a encontrar el amor desde entonces, hasta que conoció a Kim Taehyung una noche de fin de año bajo la lluvia de Seúl cinco años después. El increíble parecido de Tae...
Ni siquiera el calor de Jimin había logrado lograrle transmitirle la calma suficiente de siempre y ya se sentía culpable de moverse de un lado a otro en la cama, incomodando a su mejor amigo. Las tareas de la universidad estaban yendo por buen camino, el trabajo con los Kim también... y ahora extrañaba mucho más a la abuela y a Daegu.
Pero en el fondo, ¿por qué se engañaba? No podía ocultar bajo la cama que extrañaba a Jeon Jungkook y, si le faltase otro tornillo, ya habría ido a tocarle la puerta.
Sin embargo, lo último que quería hacer era presionarlo. Lamentablemente, aquella noche no había terminado de la mejor manera para ninguno de los dos... y, muy a su pesar, en su primera cita. Taehyung comprendía que Jungkook quizá podía seguir sintiendo vergüenza por lo ocurrido, e incluso si ya no fuese un problema para él, decidió que iba a respetar su espacio, aunque se muera de ganas por correr hacia él y borrarle la memoria con un beso. «¿Se estará sintiendo solo?», se preguntaba, mordisqueándose los dedos. Ni pegando una oreja a la pared lograba escuchar un sonido del otro lado.
—Descansa... o te envolveré con las sábanas para que duermas prisionero como un bebé —le murmuró Jimin, somnoliento, mientras volvía a acomodarse para no perder el sueño—. Seguro que mañana te escribe... —susurró y volvió a privarse.
Taehyung hizo un mohín con la boca, apenado por volver a incomodar su sueño. En silencio, deseó que sus palabras se hagan realidad, porque él era muy paciente, pero a veces... le ganaban las ansias. Se giró hacia Jimin y le abrazó por detrás, dispuesto a dormir de una buena vez por todas. A fuerzas.
La tarde siguiente, aprovechando su día libre, aceptó salir con Bogum al PC Bang para jugar videojuegos otra vez y así logró levantar su ánimo. Al menos por un par de horas el ruido de los teclados y las luces le sirvieron de refugio. Bogum era muy buen aliado y, mejor aún, dándole batalla, aunque este no se dejaba.
—¿Te divertiste? —le preguntó Park sonriéndole al salir del local.
Asintió mientras estiraba un poco el cuerpo, contento de haber liberado estrés.
—Sí que fuiste un dolor de cabeza, hyung, no te lo voy a negar —Le dijo en un tono muy casual y el otro largó una carcajada—. Pero, ya viste que soy un hueso duro de roer. —Por supuesto que Taehyung-ah iba a ser un gran contrincante —le sacudió el cabello con cariño—. Te invitaré a comer. ¿Tienes hambre? —¿Podemos pedir pollo frito? —Bogum asintió y Tae celebró—. ¿A domicilio?
Al llegar a su piso, una vez más, Taehyung detuvo su mirada en la puerta vecina. Bogum le miró con curiosidad, preguntándose si había algo preocupándole al menor, aunque no le cuestionó para no ser invasivo. Por el contrario, iba a esforzarse por borrar sus angustias.
Apenas fue abierta la puerta, un pequeño cachorro salió dando brincos y Bogum se agachó a saludarle, aunque recibió un mordisco que distó en su totalidad de ser doloroso.
—Le caes muy bien, hyung. —¿A que sí? O tal vez soy su nueva víctima. Uy, mira estos super dientes de leche —respondió el mayor con una risa bajita mientras lo cargaba para ingresar al departamento. —Con esos colmillos casi se comió un cable ayer —bromeó, cerrando la puerta detrás de él. —¿Oh? Entonces parece que somos muy similares —dijo y Taehyung le observó con curiosidad—. Mi mamá me dijo que una vez me electrocuté por mordisquear un cable. —¡¿Eh?! —Y me miró como si ya no tuviera esperanzas. ¿Te imaginas?
Taehyung intentó aguantarse la risa, se esforzó muchísimo, pero reventó a reír de tan solo pensar en un Bogum muy pequeño mordiendo un cable. ¡En qué cabeza cabía hacer algo así! Seguro que estaba muy chico.
—De hecho, tenía once... tal vez doce —Logró sacarle más risas a Tae, quien no podía lidiar con la imagen que había creado en su mente—. ¡Oye! Taehyung-ah, te vas a quedar sin aire —se reía también—. ¿Qué pasa? Ese cable no sabía mal... —¡Hyung! —reclamó— ¡me haré en los pantalones por tu culpa! —Eish... Míralo, Yeontan, parece que tu papá también tiene que aprender a ir al baño, ¿no?
Taehyung se reía como no lo había hecho en un largo rato y sintió como el cuerpo se le aligeraba, como una chispa que le recorría la espalda. Era ese tipo de risa que provoca euforia. Bogum había provocado que su cerebro le premie con una lluvia de dopamina y, mirándole limpiarse las lágrimas, Park se alegró de haberle robado tantas carcajadas. El cachorro, confundido por el alboroto, ladró antes de lanzársele encima y solo hizo que Tae riese más, extasiado. Bogum le observaba con una sonrisa y el corazón lleno, y se pasó una mano por el cabello, pensando en lo duro que estaba cayendo por él. Cada vez más, sin querer. Y pensó en lo fácil que era enamorarse de alguien así.
Justo en ese momento, el timbre sonó.
—¡El pollo! —gritó Taehyung, como si hubiese escuchado el bingo.
Se levantó de golpe, con Yeontan pisándole los talones, y corrió hacia la puerta con la emoción brillándole en el rostro. Bogum parpadeó, regresando a la Tierra, y dejó escapar una risa baja mientras se daba la confianza de ir por platos a la cocina.
Desde la entrada escuchó la emoción en la voz de Taehyung agradeciendo al repartidor. Cuando regresó con las vajillas, lo observó traer la bolsa como si cargara un tesoro. Tenía las mejillas aún sonrojadas por la risa de antes, y cuando dejó la comida en la mesa, los ojos le brillaban como si fuesen muchos regalos en navidad.
—¡Está calientito! —exclamó dichoso, sin darse cuenta de que Bogum le seguía mirando.
Quizá Kim no sabía cuánta luz irradiaba cuando era feliz, y tal vez Bogum se estaba quemando un poco.
—Huele increíble —Taehyung separó las piezas de pollo y las admiraba como si fuese arte, las sostuvo como un chef profesional—. Hyung, te serviré a ti primero. ¿Quieres la parte crocante o más jugosa? —La que el experto escoja por mí. Confío en su criterio —le respondió, sonriendo.
No le podía quitar los ojos de encima, lo tenía envuelto esa mezcla de ternura y gracia tan genuina y suya. Disfrutaba verlo así... y se sentía afortunado de tenerlo por completo en aquel momento.
Taehyung puso música de fondo y el cachorro se alejó sin mucho interés en el pollo que no podía probar. Bogum recibió un plato y refresco, y dio un primer mordisco a la comida bajo la mirada expectante del menor frente suyo, quien parecía emocionado por el sonido de aprobación exagerado.
—Por cierto —dijo Bogum después de un rato, tomando un par de servilletas—, estuve leyendo ese libro que recomendaste en el grupo... el de GGUK.
Taehyung se detuvo un momento, y le regaló una nueva sonrisa. Él había pasado el nombre del libro a su chat grupal no hace mucho, pero pensó que había quedado en el olvido, entre tantos temas de los que conversaban. ¡Al parecer había captado la atención de uno!
—¿En serio, hyung? ¿Y qué te pareció?
Bogum narró las escenas que le habían llamado más la atención del primer libro que había terminado de leer, y Taehyung se mordía la lengua para no interrumpirle, porque coincidían en muchas cosas que a ambos les había gustado. El mayor se recostó un poco contra el sofá y habló sobre detalles que para muchos podrían pasar desapercibidos, pero Taehyung... Taehyung lo escuchaba con atención inmaculada, fascinado, no porque Bogum hablase con palabras rebuscadas, sino porque compartían el mismo sentimiento. Taehyung conocía ese libro al derecho y al revés, pero escucharlo desde otra voz, con su misma pasión, era refrescante... como si, por fin, alguien pudiese ver el mundo que él atesoraba en esas páginas.
Le sorprendió sentirse así, quizá porque no había encontrado a alguien con quien compartir sus líneas, y se sintió acompañado, abrazado sin ser tocado.
Sin pensarlo demasiado, se levantó de golpe y caminó hacia el pequeño estante que tenía a un lado. Movió con cuidado los libros, para que no se rayasen, y regresó a la mesilla. Bogum hizo los platos a un lado y se limpió las manos antes de aceptar uno, lo que Taehyung agradeció en silencio. Entonces empezó a contarle sobre ellos; cuándo los había conseguido y las veces que ahorraba para comprarse uno; las notitas que pegó en un tomo para marcar sus frases favoritas y lo increíble que estaba el libro que le seguía al que acababa de leer él. Incluso se lo podía prestar, con la única condición de que lo cuidase muchísimo. Bogum sonrió, preguntó poco y escuchó mucho, porque Tae le estaba confiando su pasión y, en ese momento, no solo se trataba de historias escritas por un hombre misterioso que aún no se dejaba descubrir.
—Te va a encantar, hyung —le dijo casi de forma tímida, esperando no aburrirlo ni empujarlo a leer—. Cuando tengas tiempo, échale un ojo. Y hay más. —Lo haré —le aseguró—. Abarca muy bien este género. En realidad, no era muy aficionado de la fantasía, pero el primer libro me atrapó desde el primer capítulo. Tenías razón. —Y espera a que llegues al último. Este de aquí —le mostró—, es distinto. Muy distinto... no te lo esperarás. —¿Qué pasó? —Ya lo verás cuando llegues. Aunque, nadie sabe del porqué de este cambio. Yo creo que innovó, salió un poco de la caja. Y sorprendió mucho, porque después de este, dejó de escribir un tiempo, como... si se hubiera esfumado con sus personajes. Pero, ha vuelto —sonrió, y bajó la voz, como si alguien más le fuese a escuchar. Park se acercó—. Y Jimin es mi nuevo espía editorial... su nueva misión es descubrir cuando habrá un próximo lanzamiento. Bogum soltó una risita con él. —¿Y crees que sea pronto? Taehyung lo pensó. Y asintió. —Mis ángeles dicen que sí.
Cuando oscureció, Bogum decidió que era hora de dejar descansar a Taehyung. Después de ayudarle a limpiar los restos de comida, Taehyung dejó comida al cachorro y acompañó a Bogum a la salida, mientras coordinaban ya la próxima fecha en la que irían al PC Bang y otra ronda de conversación sobre GGUK, y esta vez sobre el siguiente libro que Bogum se llevaba a casa. Presionó el botón del primer piso y el ascensor ya descendía, cuando Park se palpó los bolsillos y miró a Taehyung.
—Creo que... dejé mi teléfono. —¡Uy! De regreso.
Bogum rio un poco por su descuido y presionó el botón del cuarto piso. Taehyung notó que traía los cordones de las zapatillas sueltos y se agachó a atarlos, cuando las puertas se abrieron y casi de va de espaldas por haberse apoyado allí, pero Park lo sostuvo a tiempo. Las risas de ambos resonaron y entonces el mayor levantó la mirada.
—Oh. Jungkook hyung. Buenas noches.
Taehyung se congeló. Reaccionó segundos después y volteó a tiempo para ver a Jungkook frente a su puerta, con la mano alzada a punto de tocar, con los ojos fijos en la puerta de madera, como si dudara. Entonces Jeon volteó la mirada, hacia ellos. Bogum aún sonreía y, Taehyung... Taehyung no sabía si podía.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.