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El murmullo del motor y suave vaivén del auto acentuaban más el peso en su pecho. Jungkook acercó el rostro a la ventana y dejó que el aire le golpeara el rostro, esperando así disipar el nudo en la boca de su estómago. Namjoon hablaba, le daba un resumen de lo que tenían en la mesa hasta el momento, pero él no podía concentrarse. No tenía cabeza para la reunión y, aun así, estaba en camino, atrapado en la urgencia de hablar con Taehyung y la obligación de cumplir con lo que, hasta hace unos meses, debía ser su prioridad.

Observó hacia su lado izquierdo, donde yacía el ramo de flores que había comprado antes junto al postre que escogió. Hizo una mueca, algo desanimado: no quería arruinarlo... más. Namjoon seguía con su monólogo hasta que miró hacia los asientos traseros por el espejo retrovisor y notó que Jungkook parecía ido, así que se detuvo. Se preguntó qué estaría pasando por su mente esta vez.

—¿Son para Taehyung? —Logró captar la atención de Jungkook, quien le miró a través del espejo. Namjoon se detuvo en un semáforo y el menor carraspeó y se acomodó el cinturón.

—Sí...

—Es un buen chico —comentó, poniendo el auto en marcha otra vez—. ¿Han discutido?

Jungkook titubeó, sin saber cómo explicarse.

—No...

Namjoon sonrió un poco. Ese sonrojo se podía ver a kilómetros.

—Pediré que pongan las flores en agua y nos las llevamos cuando regresemos, ¿qué te parece?

—¿De verdad? Hyung-

—Pero.

—¿Pero...?

—Te necesito con la mente en esta reunión y solo en esta reunión. No creo que nos tome más de dos horas —prometió, y Jungkook se sintió culpable por tenerlo bajo ese estrés y no colaborar lo suficiente—. No deberíamos tentar más a nuestra suerte. Incluso a regañadientes han aceptado colaborar con Kwon Books, aún no me lo creo —se rió.

Jungkook sonrió un poco al oírle. Sí, también le causaba cierta gracia. El recelo con el que Essence había mantenido oculta su imagen por años y, ahora, se vieron en la necesidad de aceptar el aporte de otro equipo de marketing para hacer algo más grande —al menos, es lo que había alcanzado a comprender—. Soltó un suspiro. Qué más da. Ahora volver a pensar en eso hacía más pesada la carga en su espalda. Todos tenían tantas expectativas sobre él... ¿Se llevarían una decepción al saber quién estaba detrás de ese seudónimo? Si por él fuese, se mantendría en el anonimato toda su vida.

—Contratos son contratos —rechistó Namjoon. Se reacomodó en su asiento y guardó silencio unos segundos antes de continuar—. Mírale el lado bueno... han pasado años cuidando tu identidad, y funcionó. El mercado ahora es distinto, es más exigente, así es que debemos aprovechar este momento mientras podamos. Es una gran puerta con muchas oportunidades para ti.

Jungkook asintió, un poco menos tenso, agradeciendo en silencio que su mayor fuese tan sabio. Tenía razón, esto era lo correcto, por lo que quemó pestañas largas noches y lo que le permitía vivir económicamente estable, algo de lo que no muchos tenían el lujo de gozar. Debía aprender a abrazar esta nueva oportunidad frente a él, puesta en bandeja de oro. Su anonimato debía ser un sacrificio.

—Y créeme, les vas a encantar a todos. Recuerda, no eres solo un rostro, eres todo lo que has creado, Kook.

El auto redujo la velocidad y se detuvo frente a un gran edificio. Jungkook se dio el tiempo de observar la fachada elegante, un par de autos que iban ingresando al estacionamiento, mientras Namjoon acomodaba algo en su maleta. Siguiéndolo, se miró la ropa y ordenó lo que pudo, agradeciendo al Jungkook del pasado haber salido con un conjunto decente esa mañana.

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