CAPITULO DIECIOCHO

14 0 0
                                    


Luego de una árdua semana de estudio ha llegado el día en que mis hermanos van a empezar el secundario.
- Ignacio, ya es mitad de año, ¿como piensas hacerlos entrar?.
- de algo tiene que servir ser el hijo del empresario mas importante de este país, ¿no?- dice con un deje de impotencia. Estamos en la puerta del colegio más caro de la ciudad, cortesía de Ignacio. Acepté porque a los chicos les hacía mucha ilución estar allí.
Ya hace una semana en que mi mamá no despierta al igual que la hermana de Ignacio. Aveces creo que mi mama me responde cuando le hablo, me parece ver un aleteo en las pestañas pero luego vuelve a ser el mismo cuerpo dormido de hace siete días.
- vamos, entra- me insta Ignacio. Me he quedado petrificada mirando el nombre del colegio. Miedo me inunda en cuanto veo a los chicos que entran. Miedo de que descriminen a mis hermanos, que los hagan a un lado, que no quieran ir al colegio. Inspiro sacándome esos tristes pensamientos y sigo a Ignacio.
- ¡Ignacio!- exclama una mujer apenas nos ve- tanto tiempo- dice mientras le abre los brazos en señal de bienvenida. Él le devuelve el abrazo.
- señora directora ¿como está usted?- la saluda cortesmente. ¿La directora? genial, no solo conoce al juez mas temido de esta ciudad sino tambien a la directora de este colegio. ¿Que mas falta? ¿que conozca al presidente?
- siempre tan gentil- dice sonrojándose. - ¿y estos niños? ¿y está hermosa chica?- las preguntas le salen a rolete, no lo deja ni contestar- no me digas, es tu hermana, hace tanto que no la veo a Nicole, ¿que sera de ella?- habla como para si, tan rápido que lo unico que alcansé a entender es que la hermana de Ignacio se llama Nicole.
- soy el tutor de estos niños y ella es su hermana- nos presenta. Le sonrío a la mujer regordeta mientras mis hermanos se meten detras nuestro.
- niños vengan, no tengan miedo- se acerca a nosotros haciendo una sonrisa donde se le ven los aros de oro al rededor de los dientes. Ellos asoman sus cabezas mientras se aferran a nuestras ropas - bienvenidos a su primer día de colegio- exclama. Diciendo esto arrastra a mis hermanos dentro de la institución. Con Ignacio nos quedamos petrificados viendo como se los lleva mientras comienza de nuevo con su monólogo. Ella va por delante guiándolos mientras Pedro le hace burla y Marcos le pone dos dedos en la cabeza, Annabelle está calladita mirando todo a su alrededor. Ignacio y yo nos reimos mientras nos vamos antes de que nos descubra todavía alli y nos arrastre a nosotros también.
- ¿seguro que la mujer es normal?- pregunto mientras caminamos a su casa.
- si, lo que pasa es que es una mujer grande y sola con dos gatos y un perro.- dice divertido.

Hace dos horas llegamos a su casa. Son las tres de la tarde. Tenemos pensado visitar a Lucía, casi todas las semanas vamos.
Como de costumbre estamos en su habitación, sus padres están en el piso de abajo charlando hasta que se escucha un golpe fuerte y un quejido. Eso me saca la duda de que no estan charlando sino discutiendo. Esa imagen de la única vez que vi a sus padres me palpita en mi mente. Se escucha un ruido de una puerta al ser golpeada . Siento a Ignacio tenso, lo miro de reojo sin atreverme a moverme, sus manos están en puños, su semblante serio, su quijada bien marcada por todos sus músulos, su vista fija en la puerta y sus brazos marcados por las venas. Hay odio en su mirada. Gira levemente la mirada y rápidamente corro la mia hacia el suelo. Unos fuertes golpes en la puerta de su habitacion seguidos de un grito de hombre me hace levantar la cabeza violentamente y mirar a Ignacio.
- ¡Ignacio!- grita la voz de su padre- ¡abre, infeliz!- vuelve a gritar. Frunzo el ceño y achico mis ojos en direccion a la puerta, la furia me invade.
- ¿que quieres?- pregunta Ignacio con odio, su voz contenida mientras abre la puerta, automáticamente me escondo en el baño.
- puedes hacer algo mas productivo, ¿no?, en vez de estar aqui todo el tiempo.
- eso a ti no te interesa, bastante con que sabes que soy tu hijo- habla de igual manera Ignacio.
- eso porque tu madre me obligó- le espeta con furia contenida.
- ¿sino que? ¿todavia estaria allí?- pregunta con fingida incredulidad- preferiría- agrega. Eso provoca más furia en su padre ya que siento el ruido de una mano al golpear piel.
- ¡no me hables asi que soy tu padre!- el rugido retumba en mis oidos.
- ¡¿padre?! ¿ahora sos mi padre? bie,n suponiendo que realmente eres mi padre, ¿a que viniste gastando tu preciado tiempo?- habla con sarcasmo luego de calmarse y respirar profundamente.
- vine a avistarte que me voy y no se cuando regresaré, tengo trabajo que hacer- dice, su voz suena con desden y cansancio.
- ¡te aviso que mi hermana sigue viva por si te interesa!- le grita Ignacio. Supongo que su padre a se había ido.
Salgo tímidamente del baño, no quiero enfurecerlo, no se como reaccionará, pero al verlo allí tirado con una mano en su cara y su vista perdida hace que me olvide de todos mis pensamientos y corra a arrodillarme y obligarlo a levantar su cara para evaluar su herida. No sangra pero quedó marcada toda la mano en su pálida piel. Mi cara está sin expresion.
- será desgraciado- susurro bajito. Una suave y temblante mano intenta apartar la mía.
- no te preocupes por mi- susurra con lo que le queda de voz.
- no digas tonterias- digo firme. Ese hombre me va a escuchar en cuanto reuna el coraje que necesito para enfrentarlo. No me conoce furiosa. - necesitas hielo- digo suave. No le dejo formar una frase, ya estoy corriendo hacia la cocina en la planta de abajo mientras me fijo que no haya nadie que me pueda ver.
Vuelvo a los dos minutos con una bolsa de hielo en la mano congelándomela. Está recostado en su cama con los ojos cerrados y una expresion dolida en el rostro. Me acerco silenciosamente a la cama y le pongo el hielo en su mejilla, abre los ojos sorprendido, pero intenta hacer una sonrisa que le saca una mueca y un leve quejido.
- no hables- digo mirándolo a los ojos, esos ojos que me hipnotizan.
Una vez logro alivianar un poco el ardor y la hinchazón miro el golpe. Ese color no me gusta para nada. - va a tardar como dos semanas en curarse- sentencio sintiendome toda una experta en curar heridas.
- ¿Como lo sabes?- pregunta quedo.
- peleas callejeras, yo era la que cuidaba a los heridos- Digo sin mirarlo, contemplo el golpe. Sigo poniendo hielo ignorando sus quejas e intentos de hablar.
__________________________________

https:/www.facebook.com/vickyortiz/

SobrevivirDonde viven las historias. Descúbrelo ahora