El rey Carnero ha muerto tras una batalla contra los Búfalos, Rocallosa se encuentra sin un regente que proteja la nación de los Ovinos, quienes son famosos por sus poderosos cuernos y cráneos. El príncipe Cordero es demasiado joven para ser coronad...
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Capítulo 9
La energía que había en ese lúgubre espacio hacía que la piel se le erizara al valiente Toro. Se quedó tras William dejando que él hiciera lo suyo recolectando un poco de savia que, a los pies de un árbol viejo y careciente de hojas, se acumulaba sin secarse. La savia era como ninguna otra, era luminosa con tonalidades azules en la oscuridad.
El punto central era ese árbol.
Arriba en el techo, un tragaluz permitía que la luz de la luna les ayudara ver un poco más de lo que había en el lugar. Las columnas redondeadas estaban cubiertas de raíces y otras hierbas poco comunes; parecía que era un patio casi cerrado de tanta maleza.
El piso tenía grabados en un idioma antiguo, en línea recta, continuaban hasta la pared y techo. El Toro se rascó la barba, curioso, tal vez fuera la misma lengua que William recitaba en voz baja poniendo en práctica un hechizo que vino a su mente como si fuera la memoria de alguien más.
Repentinamente las letras del piso se iluminaron esparciéndose a las paredes, columnas y techo. Aquello dejó impresionado al Toro, regresó su mirada al Cordero y se le cortó la respiración por un momento al verlo con un aspecto muy diferente y siniestro. La carne se le consumió por completo, la piel grisácea iba rompiéndose en tiras exponiendo sus huesos. La imagen de su esqueleto, unido por su magia oscura, fue aterradora y hermosa a la vez.
El cabello plateado flotaba al igual que las finas telas que aún le vestían. Y fue cuando más destellos de magia brotaron de su ser.
William extendió su huesuda mano pidiéndole así que se acercara, Thomas tardó en reaccionar, en su vida había visto toda clase de criaturas, pero ninguna como el rey Cordero. Caminó hasta él dejando atrás la impresión que causó su aspecto, la curiosidad lo sustituyó, quería saber cómo era que su esqueleto no se desmoronaba sin tener carne ni piel que lo sostuvieran. Thomas se perdió un poco en las orbes oscuras que tenía en la cuenca de los ojos, era inquietante verlo por demasiado tiempo.
El rey Thomas se paró frente a él. William podía lucir terrorífico, pero sin su calzado hendido que le otorgaba más altura no lograba intimidar al Toro más alto. No supo si William mostró esa imagen siniestra con el propósito de asustarlo o solo ocurrió al terminar de decir el conjuro anterior.