El rey Carnero ha muerto tras una batalla contra los Búfalos, Rocallosa se encuentra sin un regente que proteja la nación de los Ovinos, quienes son famosos por sus poderosos cuernos y cráneos. El príncipe Cordero es demasiado joven para ser coronad...
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Capítulo 4
Oleg era un anciano Carnero, de cabellos lacios y grisáceos, tan largos que casi tocaban el suelo. Sus cuernos estaban desgastados por incontables batallas, cada grieta en ellos contaba una historia distinta de su pasado.
Su edad era desconocida. Habían sido suficientes años como para olvidarse de la cuenta, aún contaba con buena salud para ser un anciano que caminaba despacio. Si no fuese por su jubilación William le tendría en el reino para que le guiase por el buen camino. Oleg prefirió irse del palacio tiempo atrás para estar alejado y ser un ermitaño en la isla del manantial sagrado; decía que su momento de vivir en paz había llegado, pero sus nietos le visitaban siempre trayendo sus problemas y pedían sus consejos.
El anciano Carnero había sido rey de Rocallosa hacía siglos, cuando ya no podía batallar más guerras cedió el trono a su hijo Jörg, padre de William.
La muerte se había olvidado de Oleg, aun así, se sumergía en el manantial sagrado para mantenerse sano cada tanto. La isla en la que estaba el manantial se llamaba Claros por la luz que se filtraba entre las copas de los frondosos arboles del lugar, era similar a la isla Salina que los Búfalos les robaron, seguramente ellos estaban destruyéndola con sus sucias manos.
— He tenido una de esas ideas de las que piensas que nada puede salir mal —contó William a su abuelo— Estoy angustiado por el bienestar de Rocallosa, pero me he equivocado, abuelo —dijo durante la corta caminata junto a él.
— No importa las veces que te equivoques sino cómo resuelves tus errores —dijo levantando su índice— Es de sabios equivocarse así que no te agobies, mira hacia adelante, hay más oportunidades en el futuro.
William apretó sus labios no muy convencido.
— No quisiera que un error que yo cometa le cueste la vida a los Ovinos. Sé que la responsabilidad de un reino es grande, no cualquiera puede sentarse en el trono y guiar a un pueblo como Rocallosa. Hace unas semanas estaba seguro que yo podía hacerlo y ahora dudo de tomar las decisiones correctas.
— Tienes un gran parecido a tu padre cuando él tenía tu edad, no sólo físicamente sino por la inseguridad de gobernar como rey. Tu padre también dudaba incluso con la corona puesta, solo que lo sabía ocultar muy bien porque encontraba la manera de salir adelante.
Oleg se encontraba melancólico por la reciente partida de su hijo Jörg. Hubo un corto silencio, en ese momento a William se le vino a la mente aquel beso que compartió con el rey Thomas. Ya había puesto al tanto a su abuelo de su visita a Terrasol, pero omitió algunos hechos impropios para que no le regañara más de lo que hizo al principio.
— Fue una idea tonta creer que podía conseguir la paz cuando han pasado milenios de completa rivalidad. —agachó su rostro sintiéndose avergonzado.
Sacó de su túnica el último pétalo de rosa perlada que le quedaba por comer. Luego miró a Oleg curioso por oler tan delicioso aroma. El Cordero extendió su mano entregándole el pétalo perlado a su abuelo.